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¿Qué habré hecho yo para merecer esto? Algo así debió preguntarse Pablo Laso cuando el Barcelona volvía a eliminar al Real Madrid en la Copa del Rey tras dos cruentas prórrogas. Los azulgranas, tomen nota, ya han sido capaces de noquear en seis ocasiones a su eterno rival en los cuartos de final del torneo del k.o. Decir adiós a las primeras de cambio resulta sumamente doloroso, aún más si se es el vigente campeón y se parte con la vitola de favorito, condición que parece lastrar históricamente a cualquier equipo en esta competición. Y todavía se torna más cruel si el desenlace de la batalla, incierta hasta el último segundo, es idéntico al acaecido en León allá por el año 1997, cuando Laso todavía era jugador y conectaba a las mil maravillas con Arlauckas.

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En aquella ocasión el ahora técnico blanco se vio impotente ante un genio llamado Djordjevic. 16 años después, Ante Tomic, otro alumno de la extinta Yugoslavia, emergió para hacer añicos los sueños de sus ex compañeros. Al pívot croata, repudiado el pasado verano por la directiva merengue, se le había tildado de indolente, blando, poco intimidador, mal defensor. Lo cierto es que nunca se puso en entredicho su enorme talento, pero sí su carácter competitivo, principalmente en las grandes citas, por lo que se optó por su salida a coste cero. Sin embargo, Tomic, con el orgullo herido, calló muchas bocas y se hizo grande en la zona con un brillante doble-doble, 20 puntos y 11 rebotes, a los que añadió cuatro tapones para una valoración total de 33. El gigante de Dubrovnik se tomó su particular revancha y sacó a relucir los defectos, hasta ahora encubiertos, que tiene el Madrid en la posición de cinco. Decisivo e imperial bajo tableros, sonrojó a Begic y Hettsheimer, que no ha demostrado mejorar en nada al croata. El primero no anotó en todo el partido (0/2 en tiros de dos y 0/2 en libres en 20 minutos de juego), mientras que el brasileño apenas intervino (nueve minutos) y, para colmo, no fue capaz de cerrar el rebote que permitió a Tomic asistir a Lorbek y forzar la primera prórroga cuando el partido parecía sentenciado.

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Del juego interior blanco sólo se salvo Mirotic, pero su actuación vino condicionada por las faltas personales. Esta apatía de los interiores motivó excesivos lanzamientos de tres. Jugar a la ruleta rusa cuando tienes enfrente a un grande no es la mejor opción. Llull, por ejemplo, se aceleró en exceso, no hizo caso a su entrenador tras un tiempo muerto y se jugó 17 triples, muchos de ellos sin venir a cuento, en vez de asistir a compañeros con mejor muñeca como Sergio Rodríguez o Carroll, tal vez el hombre que mejor arma el brazo en Europa junto a Navarro. El baloncesto, al menos así lo entiendo, se basa en equilibrar juego interior y exterior. Ahí perdió claramente el Madrid, a pesar del penoso 18 por ciento en tiro exterior de un Barça que, eso sí, apabulló en valoración (135 frente a 97).

Datos, síntomas, sensaciones que invitan a la reflexión e invitan a la autocrítica. Alberto Herreros y Juan Carlos Sánchez, máximos responsables de la sección de baloncesto, han construido los cimientos de un equipo campeón, con una gran tripleta de bases y un tiro exterior demoledor. Pero falta al menos una pieza clave que posibilite dar ese salto de calidad y dominar en Europa, como ya ha hecho el Barcelona en los últimos años. Y esa figura que tanto se añora es la de un pívot dominante, un center que sobre todo anote, juegue bien el uno contra uno y resulte intimidador. Podemos decir, sin miedo a equivocarnos, que ese cinco puro es una especie en extinción en el baloncesto moderno. En Europa quedan muy poquitos tras la marcha de Pekovic a Minnesota. Uno de ellos es Schortsanitis, imparable en el uno contra uno, pero cuyo excesivo peso resulta un lastre para alcanzar una continuidad idónea en el juego del Panathinaikos. El formidable Krstic, tras cumplir con nota en la NBA, es determinante en el CSKA, y no dejará Moscú al firmar un contrato millonario, como Kaun y Erceg. Otro caso parecido es el de Erden, en las filas de un nuevo rico, el Efes turco. Excelentes jugadores, en definitiva, pero con un caché demasiado alto. Más factibles resultarían Gustavo Ayón, en Orlando, u otro ex del Madrid como Macej Lampe, aunque Querejeta tiene bien aprendida la lección y no le dejará salir fácilmente del Caja Laboral.

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Desde la marcha del mítico Sabonis, la indolencia del center sigue presente en la Casa Blanca. Todo un quebradero de cabeza que, lejos de resolverse, amenaza con convertirse en tormenta, tal vez en tempestad si no llegan los títulos a final de temporada. Laso, mientras tanto, tiene el desafío de despertar al adormilado Begic y dar más confianza a Hettsheimer para formar un verdadero equipo que mire sin recelo el poderío interior de ogros como Barça o CSKA. Es el momento de aprender de los errores y paliar las carencias, de buscar ese anhelado equilibrio en el juego. La ACB y la Euroliga dictarán sentencia. De momento, Laso, Herreros y Juan Carlos Sánchez han quedado retratados. Toca reaccionar, tanto en la pista como en los despachos.