Posts etiquetados ‘Real Madrid’

La brecha competitiva se acentúa año tras año en la Liga española. Es prácticamente insalvable desde hace casi una década y condiciona una competición que queda en manos de las incesantes inversiones millonarias de sus dos superpotencias: Real Madrid y FC Barcelona. No hay más alternancia en la lucha por el título. Son los únicos que esquivan la crisis a golpe de talonario y engordan sus presupuestos.

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Nadie puede seguir un ritmo tan frenético si no quiere ver peligrar su propia existencia. Porque en el polo opuesto, el de la austeridad, residen la mayor parte de los clubes. Muchos de sus referentes, como Falcao, Llorente, Aspas, Soldado, Joaquín, Navas o Negredo, se han visto obligados a poner rumbo a otras ligas europeas. El éxodo es inquietante y deja un vacío muy difícil de cubrir. Y es que, por primera vez, nuestra Liga vende más que compra. Los equipos se ven abocados a exportar talento, lo que conlleva una pérdida de calidad añadida en sus plantillas. Es la única solución para paliar su desorbitante deuda con Hacienda, cercana a los 500 millones de euros. A esta regla no escrita sólo escapan blancos y culés, que han gastado este verano unos 150 millones de euros en nuevas incorporaciones. Un desembolso que podría dispararse si Florentino Pérez cierra el multimillonario fichaje de Gareth Bale.

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Las consecuencias son claras. La diferencia de fuerzas es notable, alimentada a su vez por el polémico reparto de los derechos de televisión. Real Madrid y Barcelona obtienen, cada uno, alrededor de 140 millones, mientras que otros equipos punteros, como Sevilla, Atlético o Valencia apenas alcanzan los 40. Peor aún lo tienen los más modestos. El Rayo Vallecano, por ejemplo, percibió cerca de 17 millones. La única esperanza que planea en el horizonte es que la nueva Ley del Deporte Profesional subsane este desaguisado y proponga un reparto mucho más equitativo y racional, a semejanza del modelo europeo. El tiempo apremia.

Mientras tanto, la Liga española continúa instaurada en el duopolio. No es de extrañar que el tercer clasificado finalice a 39 puntos del líder, como sucedió hace dos campañas. Tampoco es casualidad. En las últimas nueve temporadas, blaugranas (seis) y merengues (tres) han cantado el alirón con suma facilidad. Ningún insurgente se ha cruzado en su camino. Tan solo el Villarreal se atrevió a discutir este poderoso binomio en 2008, cuando el cuadro de Pellegrini selló un brillante segundo puesto. Se trataba, sin embargo, de un mero espejismo, ya que Madrid y Barça aventajan en una media de 21 puntos a al tercer clasificado desde que el Valencia de Benítez conquistó el título en 2004. La desigualdad es sideral. Unos se nutren de estrellas y otros se diluyen o, simplemente, sobreviven. De ahí nacen, en parte, los últimos récords: ligas de 100 puntos, pichichis con 50 goles o conjuntos que son capaces de marcar 121 tantos en una temporada.

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Hay que remontarse a la campaña 2001-2002 para frotarse los ojos. Fue la última vez en la que blancos y culés acabaron la Liga fuera de las dos primeras posiciones. Valencia y Deportivo les privaron entonces a un segundo plano, pero la historia ha cambiado de manera drástica. El campeonato pierde, poco a poco, emoción y espectáculo. Los dos hermanos mayores se reparten el pastel sin más oposición que la suya propia. El resto debe conformarse con las migajas que deja tras de sí la estela del dinero. La Liga de los contrastes. Cruda realidad.

Fotos: www.defensacentral.comwww.larojadeportes.cl y madrid-barcelona.com 

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Ioannis Bourousis es el auténtico gigante heleno de Karditsa. Con 2,10 de estatura y 29 años, este center de 122 kilos no para de crecer y mostrar sus galones. Se abrió camino en Atenas, cuna de guerreros y dioses, hace ya 11 años y se ha consagrado como uno de los mejores pívots de Europa. Su juego es tan imponente como el fuego griego, un arma secreta que comenzó a utilizar el imperio bizantino a partir del siglo VI con el fin de contener los asedios navales de los árabes. Es la misma fórmula que ha empleado el nuevo jugador del Real Madrid para someter a sus rivales, a los que suele desquiciar con su fuerte personalidad y envidiable carácter competitivo. Un cinco de los que escasean en el viejo continente, que recuerda mucho a Felipe Reyes por su enorme facilidad a la hora de rebotear y sacrificarse por sus compañeros.

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Su juego no es, precisamente, muy vistoso, pero sí muy efectivo. Buen juego de espaldas, intimidador y una amenaza constante al poste, donde puede anotar con ambas manos y es capaz de sacar muchas faltas a sus oponentes. Es lo que ha dejado patente durante su estancia en Grecia e Italia. Su único lunar fue su paso fugaz por Barcelona, donde acusó su juventud (22 años) y su falta de aclimatación al equipo, pues sólo disputó tres encuentros en los que apenas tuvo protagonismo.

Bourousis ya apuntaba muy alto desde joven y los éxitos no tardaron en llegar. En 2002, se proclamó campeón de Europa Sub’20 con su selección y levantó la liga griega con el AEK. Tras completar su formación y lograr el oro en el Europeo de 2005, decidió dar el salto a Olympiacos. Comenzó a asumir un mayor peso ofensivo y se convirtió en un jugador mucho más completo y ambicioso a las órdenes de Pini Gershon., aunque fue Panagiotis Giannakis quien acabó de pulirlo. Ese gran paso llegaría en 2009. En los cuartos de final de la Euroliga ejerció de líder ante el Real Madrid. Su actuación en el cuarto partido de la serie resultó vital: 25 puntos, seis rebotes, dos asistencias y siete faltas recibidas para sumar 34 de valoración. Olympiacos volvía, diez años después, a una Final Four gracias al pívot de Karditsa, que mantuvo un duelo colosal bajo los aros con Felipe Reyes y fue elegido en el quinteto ideal de la Euroliga junto a McIntyre, Rakocevic, Navarro y Pekovic. Talento al poder.

La guinda llegaría, meses después, en el Eurobasket de Polonia. El combinado heleno lograba el bronce tras superar a Eslovenia, aportando nueve puntos y siete rebotes. Un año mágico en el que también deslumbraría con partidos excelsos en la fase regular de la máxima competición continental. De hecho, apabulló a Efes, al que endosó 23 puntos en 12 minutos, con una valoración de 34.

El panorama cambió en 2010. Su equipo naufragó ante el Barça en la final de la Euroliga (86-68). Un mazazo que se hizo más grande a nivel personal después de ser golpeado en la cabeza con una silla por parte de Krstic durante el transcurso del partido que disputaron Grecia y Serbia en el Torneo de la Acrópolis.

Poco después, España eliminaría a la selección griega en los octavos de final del Mundial de Turquía. Eso sí, Bourousis se desquitó con la consecución de dos Copas griegas en 2010 y 2011. Sin embargo, abandonó Olympiacos por la puerta de atrás tras verse involucrado en una red de dopaje de su país. Es entonces cuando decide cambiar de aires y apostar por el renovado Milán de Sergio Scariolo. En su primera temporada, cumple sin demasiado brillo (nueve puntos y 6,4 rebotes en la Euroliga), aunque estalla en el Eurobasket de Lituania. Los helenos, que acabaron sextos, cedieron en cuartos ante Francia a pesar de sus dobles figuras; 17 puntos y 11 rebotes. Pero Bourousis se desquitó ante Serbia. Mostró un poderío descomunal. 27 puntos, seis rebotes y 25 de valoración en 27 minutos. Grecia mantenía las opciones de llegar a Londres 2012, pero Nigeria acabaría haciendo añicos su sueño en el Preolímpico. De poco sirvieron sus 18 puntos frente a los africanos.

Pero si algo caracteriza a Bourousis es su tremenda ambición. En su segunda campaña en Italia lo dejó bien claro, sobre todo en la Euroliga, donde promedió 14 puntos y 8,3 capturas por encuentro. Su valoración se disparó a 18,9. Todo ello acompañado de una mejora en sus porcentajes; 61,3% en tiros de dos, 38,5% desde el perímetro y 74,5% en libres. Números que no han pasado desapercibidos para el Real Madrid, que apuesta decididamente por la contundencia del pívot griego con el firme objetivo de volver a dominar Europa. Los blancos equilibran su juego y, desde hoy, son un equipo mucho más sólido y poderoso, al igual que las potentes llamas del fuego heleno. De ahí nace la fuerza de Bourousis.

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Fotos: www.elconfidencial.com  y www.libertaddigital.com

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Todo buen capitán conduce a su equipo hacia la victoria final, la más ansiada y añorada. Transmite fuerza, ilusión y ambición a un grupo que se sustenta en sus brazos de hierro, curtidos en mil batallas. Imprescindible a la hora de asumir responsabilidades y de ejecutarlas a la perfección. Inteligente, tenaz, valiente e inmortal. Felipe Reyes Cabanas sigue dando el callo a sus 33 años. La competencia le ha hecho crecer y madurar como jugador a pasos agigantados. Une al grupo, lo hace más compacto y sólido, y acepta el rol asignado por el técnico. Un ejemplo dentro y fuera de la cancha.

Somos el Real Madrid y estamos obligados a ganar”. Una frase que lleva escrita a fuego en su corazón. No se arruga, siempre aparece en los momentos de mayor presión. Irrumpió en el tercer partido por el título ante el Barcelona (20 puntos y 26 de valoración) y emergió, de nuevo, en el quinto y definitivo choque (14 puntos y 13 de valoración). El pívot cordobés suma su segundo MVP de la final de la Liga Endesa, como ya hizo en 2007 e iguala al mítico Sabonis. Los merengues vuelven a instalarse en la élite del baloncesto español. Y Felipe sigue comandando la nave.

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Espartaco’, como le apodó el gran Andrés Montés, ha dirigido la rebelión contra el imperio blaugrana, que sumaba siete finales consecutivas y tres títulos en los últimos seis años. Infatigable e imparable. Reyes ha promediado 12,2 puntos, 5,2 rebotes y 13 de valoración en 22 minutos. Ha recibido 22 faltas y ha capturado 26 rebotes, 15 de ellos en ataque. Espectacular. Su porcentaje en el tiro de dos ha sido brillante, un 60% (20/33). Sigue mejorando sus lanzamientos desde el 4,60, con un 75% (21/28). Un auténtico bastión para su equipo, sobre todo si tenemos en cuenta el desacierto del Real Madrid desde el perímetro, un pobre 23,58% (25/106). La tormenta se había desatado y el barco parecía condenado a naufragar hasta que los blancos han decidido ser fieles a su estilo, otra vez con Felipe asumiendo galones.

 

Reyes un luchador nato, de espíritu de oro, propio de esa irrepetible generación de 1980. Admirado por compañeros y rivales. Su padre disfruta de él desde el cielo. Este verano tendrá que parar y no participará en el Eurobasket, pero volverá. Siempre lo hace. Su próximo reto se la Euroliga. Necesitará refuerzos de lujo, pero no cejará en su empeño hasta conquistarla. Inconmensurable, eterno. Felipe continúa reinando.

Foto: http://www.vavel.com

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Atrapado, sin salida y maniatado. El Real Madrid se colapsa, incapaz de exhibir su poderío en el momento cumbre. La tensión le hace mella, no le deja pensar con inteligencia y acaba por mostrar sus puntos débiles. Los blancos se convierten en presa fácil cuando sus señas de identidad –la velocidad y el contraataque- se esfuman. El panorama se complica: aparecen las dudas, aumentan los nervios y se repiten las mismas pesadillas que parecían superadas.

El Barça, como ya hizo en la Copa, ha sido capaz de llevar a su terreno a su adversario: partidos con anotaciones bajas, pausados y muy tácticos. La fórmula perfecta para frenar el showtime del conjunto de Pablo Laso, que sigue sin encontrar un plan alternativo que frene el planteamiento de Xavi Pascual.

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La igualdad ha sido máxima en los cuatro encuentros de la serie, deslucida por los malos porcentajes de tiro y la polémica arbitral. El título, como en 2012, se decidirá en el quinto partido, aunque el Real Madrid tendrá está vez el factor cancha a su favor. Pero la ecuación no es tan fácil de resolver después de que se hayan reabierto viejas heridas y debates. Porque la defensa culé está destrozando el vendaval ofensivo de los merengues, acostumbrados a vivir del perímetro más de lo necesario. La descompensación entre juego exterior e interior viene simbolizada en la figura de Rudy Fernández, con cero de 16 en triples. La estadística de equipo en este apartado es demoledora: 20 de 80 en tiros de tres, un paupérrimo 25 por ciento, cuando promediaba un 40 por ciento antes de iniciarse el play-off. Un auténtico lastre que se plasma en una anotación de 73 puntos, 14 menos que en la liga regular.

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¿Qué está pasando? Más allá de las pocas variantes que ofrece la pizarra del técnico vitoriano, el Madrid echa en falta un verdadero líder en la cancha. Rudy aún no cumple ese rol ni asume la responsabilidad que se le presuponía con su llegada. Sus actuaciones han sido bastante discretas en ataque y notables en el apartado reboteador. Es un luchador nato, con un talento descomunal, pero no termina de explotar todo su potencial, condicionado por los problemas físicos que sufre en la espalda. En su mano está dar el salto definitivo: ser un jugador de primer nivel o pasar a ser determinante en Europa, como Navarro, Spanoulis o Diamantidis.

El contagio también afecta a hombres tan imprescindibles en el esquema como Mirotic y Carroll. El montenegrino, MVP de la Liga Endesa, ha pasado inadvertido en tres de los cuatro choques. El caso más preocupante es el del escolta mormón, que promedia cuatro puntos en casi 14 minutos. La asfixiante defensa de Oleson está atenazando al francotirador de Wyoming. Irreconocible, al igual que en la Final Four. Exceso de ansiedad, déficit de confianza. No es el único caso. Más habitual es el preocupante estado de forma de Carlos Suárez o del pívot brasileño Hettsheimer, inédito en la final. Demasiadas concesiones.

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¿Quién asume el mando? Felipe Reyes, el eterno capitán. A sus 33 años, el pívot cordobés sigue partiéndose la cara por el equipo. Casta, tesón y ambición. El único superviviente, junto a un jovencísimo Llull, de aquel Madrid que fue capaz de levantar su última Liga en el Palau hace ya seis años. Inagotable en este eterno duelo de titanes, marcado por la infidelidad de los blancos a su estilo. El tercer envite ha sido un aviso muy serio para los pupilos de Pablo Laso. Con 62 puntos, 57 de valoración y 13 rebotes menos que el rival no existen los milagros. El Barça, sin Mickeal y Jawai, sigue vivo y dictamina a qué se juega. El Madrid, no. Ahí está la diferencia. ¿Veremos un cambio el miércoles?

Fotos: http://www.marca.com, http://www.intereconomia.com y http://www.libertaddigital.com

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El destino les condena, continuamente, a medir su eterna grandeza con el fin de acrecentar la leyenda del baloncesto español. En la pista aguarda la gloria, pero también el fracaso. A un solo paso. Tan cerca, tan lejos. Desafiarse forma parte de su naturaleza ganadora a lo largo de la historia. Son gigantes, titanes que se retan sin ningún tipo de concesión ni contemplación. La batalla se vuelve tan intensa que adquiere tintes épicos ante las numerosas virtudes de los contendientes: Rudy, Navarro, Mirotic, Lorbek, Carroll, Oleson, Sergio Rodríguez, Marcelinho, Llull, Tomic … Calidad infinita, talento inagotable.

Real Madrid y Barcelona vuelven a chocar este año. Es la undécima vez que miden sus fuerzas en la lucha decisiva, la más despiadada. El reto: dominar la ACB, extender su hegemonía. Es la final más repetida en la competición nacional. Máxima rivalidad. Saltarán chispas. No habrá tregua ni pactos. La hora de la verdad para dos colosos inagotables.

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¿Favorito? Ni los precedentes despejan dudas. Cinco campeonatos para ambos. Igualdad absoluta. ¿Será determinante el factor cancha? El equipo de Pablo Laso se ha mostrado intratable en el Palacio de los Deportes, pero debe ratificarlo en el momento de máxima presión. De lo contrario, esa teórica ventaja podría transformarse en un handicap demasiado pesado. Los blancos han ganado en seis de las siete ocasiones en las que han contado con la pista a su favor. Eso sí, su única derrota llegó ante el Barça hace 16 años. Roberto Dueñas desató su poderío en la zona con un magnífico doble-doble, 13 puntos y 12 rebotes, que catapultó al éxito a los culés en el quinto partido de la serie.

El conjunto de Xavi Pascual, experto en la guerra psicológica y táctica, siempre da la cara. Las bajas de Mickeal y Jawai han mermado su inmenso potencial, pero no su ADN competitivo. Será la séptima final consecutiva para un Barcelona que ha conquistado tres cetros nacionales en los últimos cuatro años. Es el vigente campeón. Nunca se rinde, como demostró el año pasado con un 1-2 en contra frente al eterno rival.

Enfrente, un adversario temible que no para de crecer y que clama venganza. El Real Madrid cuenta ahora con la experiencia que quizá le faltó en 2012. El bloque es mucho más compacto y despliega un juego aún más espectacular. El showtime de la Casa Blanca engancha a la afición, que tiene motivos suficientes para soñar. Han pasado seis años desde que Joan Plaza aterrizó en la capital y construyó un bloque ganador. Campeón de la ACB en el Palau (3-1), con 21 puntos de un espectacular Felipe Reyes. Excepcional.

Mirotic toma ahora el mando de la nave blanca. Niko ha dado un paso adelante. El genio de Podgorica promedia 12,2 puntos, ocho rebotes y una valoración de 18,8. Es líder en recuperaciones (1,60) y en el apartado de más / menos (17,6). El MVP pisa fuerte. Ha despertado de su letargo tras una Final Four en la que se le echó en falta. Lo mismo le ha ocurrido a Carroll. El escolta mormón se muestra letal desde el perímetro. 14 de 22 en triples, casi un 64%. Su irrupción en la cancha dinamita la resistencia de los rivales, sobre todo cuando Sergio Rodríguez marca el ritmo (4,4 asistencias por encuentro).

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El caudal ofensivo de los blancos asusta. ¿Cómo detenerlo? El Barcelona ahoga a sus adversarios desde la defensa. No dejará correr al Madrid. Tiene a un líder letal como Juan Carlos Navarro (12,5 puntos por partido) y sobresale por su juego colectivo. Oleson, Marcelinho, Sada, Tomic y Lorbek promedian una valoración superior a 10 puntos. El ala-pívot esloveno también está de vuelta: 21 de 24 en lanzamientos de dos, un 87,5%. La tierra tiembla, el baloncesto se abre paso. Se desata la furia de titanes.

Fotos: http://www.teinteresa.es y http://www.lavanguardia.com

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Pablo Laso sonríe, sabe que es un privilegiado. Está orgulloso de su bloque. Dispone de una plantilla de primer nivel, descompensada en el juego interior, pero excelsa en el perímetro y notable en la dirección. Precisamente, es la posición de uno la que vertebra buena parte del proyecto deportivo y la que más mima. Al fin y al cabo, la identidad del Real Madrid, esa velocidad vertiginosa y explosiva, nace de las manos y el talento de sus bases.

Como ex jugador, Laso se convirtió en el auténtico cerebro de sus equipos, su motor de creación. Un auténtico ‘visionario’, con una media de 4,62 asistencias en sus 19 temporadas en la ACB. Ahora, en el banquillo, trata de inculcar sus valores a Sergio Llull y Sergio Rodríguez, en los que se ve reflejado. Gestionar los egos y los minutos de dos jugadores de tanta calidad y, a la vez, tan diferentes no es nada sencillo. Sin embargo, los resultados están avalando su trabajo en el vestuario.

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El ‘Chacho’ y Llull continúan creciendo a sus órdenes. El tinerfeño dinamitó el primer partido de cuartos de final ante Obradoiro. Se echó el equipo a sus espaldas y acabó con 15 puntos, cinco asistencias y 15 de valoración en 24 minutos. Números que avalan el buen momento del canario, que ha recuperado la confianza en su juego. Disfruta en la cancha, se divierte y transmite una seguridad inmensa a sus compañeros. Un genio que, tal vez, acusó su marcha prematura a la NBA, pero que se ha rehecho tras las críticas. Designado mejor base de la ACB, Sergio Rodríguez ha promediado 9,5 puntos, cuatro asistencias y 10 de valoración en la liga regular, con un brillante 44% en triples. No ha tenido un protagonismo indiscutible en minutos (18,5), pero sí en el desenlace de muchos partidos apretados. Su gran reto: mantener la regularidad de su juego. Está a su alcance, desde luego.

Sergio Llull también luce galones. Fundamental en el segundo partido ante Obradoiro, con 16 puntos y 17 de valoración en 32 minutos. El ‘aeroplano’ de Mahón, muy bien secundado por Carroll, rompió el choque en el tercer cuarto, lo que ha permitido que los merengues solventen la eliminatoria por la vía rápida y se planten en semifinales. En su sexta temporada en la entidad de Chamartín, el base menorquín ha promediado unos números muy similares a los del ‘Chacho’, aunque con más minutos en la cancha (23). Pura intensidad, cambios de ritmo espectaculares y espíritu de líder. Su enorme determinación le lleva, en ocasiones, a precipitarse, como le sucedió en la Copa del Rey de Vitoria. Un handicap que suple gracias a su ADN ganador, vital para cimentar un equipo campeón.

Llull

Dos directores de lujo. No es cine, es baloncesto. Llull y el ‘Chacho’ quieren rodar, a las órdenes de Laso, la mejor película de sus vidas en el Real Madrid. El elenco de estrellas que interviene en el rodaje acapara todos los focos, pero el guión más elaborado -el juego- determinará la calidad final del producto –los títulos-. Los ‘Sergios’ toman el mando. Laso disfruta. Llegó el momento del showtime. Es la hora del espectáculo.

Fotos: http://www.elmundo.es y http://www.20minutos.es

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Humildad, unión, casta, lucha y, sobre todo, mucha fe. Son los valores y emblemas más preciados de un Atlético de Madrid que, a lo largo de su historia, siempre ha sido capaz de levantarse en los momentos críticos, de máxima presión. Los colchoneros han aguantado multitud de golpes de su eterno rival durante 14 años, pero nunca han perdido la esperanza. Nada ni nadie puede arrebatarles su orgullo de campeón. Es lo que Diego Pablo Simeone ha inculcado a sus pupilos; ese carácter competitivo que avala a un equipo de espíritu inquebrantable. Y lo ha conseguido aparcando, desde el primer momento, el egocentrismo, la hipocresía y los malos modos, impropios de un conjunto campeón.

La grandeza rojiblanca se entiende desde un modelo de trabajo ejemplar en el que impera el sentido común y la cordura. No existen imposibles, sí retos a conquistar. El poder de Neptuno es inmenso. Levantar cuatro títulos de Copa ante el Real Madrid refleja la condición de un guerrero que se convierte en inmortal en el Santiago Bernabéu. La leyenda atlética se agranda en el coliseo blanco. Está escrito. Nueve de sus diez torneos coperos nacen en el estadio merengue. Sublime, letal.

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El destino castiga, merecidamente, al conjunto de Chamartín después de que Mourinho despreciara una y otra vez a muchos de sus futbolistas e, incluso, a la propia institución. La arrogancia le define y le retrata. Florentino Pérez, máximo responsable de la entidad, ha consentido su juego sucio durante tres años. Y le ha salido caro, carísimo. No cuidar las formas ni velar por la imagen del club es intolerable. Ni siquiera ha rectificado cuando aún estaba a tiempo.

En febrero, el equipo parecía renacer, despertar de su letargo. Soñaba despierto. Un espejismo. Poco después, reapareció ese ambiente hostil y hasta los máximos defensores del preparador de Setúbal, como Cristiano Ronaldo o Pepe, se acabaron rebelando. La plantilla no aguanta más. Pocos comulgan ya con sus teorías conspiratorias. El ‘dedazoa Vilanova, el menosprecio al trabajo de Toril con la cantera o sus continuas malas formas con la prensa y los jugadores son algunos de sus ‘éxitos’. Tres títulos (Copa, Liga y Supercopa) desde su llegada. No ha estado a la altura de las exigencias. ¿Alguien lo duda?

mou expulsado

La actitud de Mou es más que reprochable. Prefirió centrarse en la mala suerte y en el árbitro con tal de no reconocer el gran trabajo del Atlético, en contraposición a las palabras de Sergio Ramos, que sí es un baluarte del madridismo. El luso no admite, realmente, el fracaso de su gestión deportiva porque señala, de manera reiterada, a sus futbolistas. Los condena públicamente, también después de la final de Copa: “Lo siento, no puedo tirar penaltis”. Ha sido la traca final tras las repetidas humillaciones que ha tenido que soportar Casillas, el capitán del Real Madrid y de la Selección. Puede ser comprensible que Iker no juegue ni un solo minuto por el gran momento de Diego López, pero no que se ponga en duda su trabajo y profesional cuando, paradójicamente, Mou ya reclamaba el Balón de Oro para el portero de Móstoles en 2011.

Demasiado poder para un entrenador ‘top’ que no lo ha demostrado y que cree estar por encima de una entidad que cuenta con 111 años de historia. Y más lamentable aún que la directiva no le haya parado los pies ni le reprochara su ausencia en el palco. Tampoco subió Cristiano, que acabó desquiciado. Es la mejor palabra que puede definir, ahora mismo, al Real Madrid. La incertidumbre se apodera de un club que vuelve a navegar sin rumbo, el que sí ha encontrado el Atlético.

Fotos: http://www.rtve.es y es.eurosport.yahoo.com

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