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Ocho meses. Es lo que ha necesitado Rafa Nadal para poner el mundo del tenis a sus pies. En febrero, tras más de medio año sin competir por culpa de una dolorosa lesión de rodilla, regresaba a las pistas con el objetivo de recuperar sensaciones, de volver a sentirse jugador y disfrutar de un deporte que ama desde pequeño. Su vuelta fue inmejorable. Disipó dudas desde el primer instante y supo adaptar su juego a cualquier superficie, tanto en pista rápida como en tierra batida. Únicamente se le resistió la hierba de Wimbledon, donde sus heridas aún no han cicatrizado.

Nadal

Paso a paso, con una determinación admirable, comenzó a ganar o, más bien, a avasallar a sus rivales. Sin tregua, sin contemplaciones. Un auténtico huracán. Imparable. Insaciable. 65 victorias y tan solo tres derrotas. 10 títulos, incluidos dos Grand Slam: Roland Garros y US Open. 13 finales en 14 torneos. Inhumano, épico.

De febrero a octubre ha firmado su mejor temporada como profesional. Ha sido capaz de aventajar en 7.620 puntos a Novak Djokovic, quien ha tenido que ceder su trono ante el ímpetu y el tesón del tenista de Manacor. Curiosamente, el serbio le arrebató la corona el 3 de julio de 2011 en la gran final del All England Club. 824 días después, Rafa toma el mando en el mismo lugar, Pekín, donde se alzó con el oro en 2008. Mucho más agresivo y letal, inicia su tercer reinado al frente de la ATP. Esta vez, el balear agarrará aún más fuerte su cetro. Defiende 1.340 puntos hasta final de temporada frente a los 4.035 de su principal oponente.

 

Con 27 años, Nadal hace gala de una madurez extraordinaria. Su humildad es máxima. Sus 13 Grand Slam y 26 Masters 1.000 le han fortalecido, pero nunca ha perdido la perspectiva. Conserva los pies en el suelo y trata, a diario, de superarse. Un ganador nato que siempre agradece todo lo que está viviendo. Nunca mira para otro lado cuando se equivoca. Es sincero y directo, un luchador incansable. No se siente el mejor jugador del mundo. Sólo trata de crecer, de derribar barreras.

Inconformista por naturaleza, Rafa no ha llegado hasta aquí para detenerse. Las celebraciones quedan a un lado. Trabajo y más trabajo. Esa es su fórmula, la que le permite marcar una época plagada de éxitos. Y los que aún quedan por llegar: Shanghái, Miami, París-Bercy o la Copa de Maestros. El destino de un guerrero admirable.

Foto: www.20minutos.es

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Nadal toma el mando

Publicado: 19/08/2013 en Tenis
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El recital no cesa. Nadal agarra fuerte la batuta y marca el ritmo más frenético. De su raqueta emanan miles de armoniosas notas musicales que consiguen atrapar al público desde el primer instante. Golpes liftados, saques directos, derechas que besan la línea en los momentos más críticos … El repertorio es tan completo y atrayente que los acordes de su juego hipnotizan a los rivales. Djokovic, Raonic, Isner, Berdych y Federer, especialistas en pista rápida, se han visto obligados a claudicar ante sus magistrales obras en Montreal y Cincinnati. Dos proezas, en apenas una semana, tras 40 días fuera de las pistas. Arrebatador.

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Los anhelados ‘conciertos’ de Rafa han ganado audiencia y amplitud. Sus actuaciones no se limitan a la arcilla, sino que también se amoldan al cemento, superficie en la que suma 15 victorias consecutivas desde que pusiera a prueba su rodilla en Indian Wells. Ahí, en California, nacieron esos compases ganadores que le permiten mantenerse en lo más alto del podio, donde los directores de orquesta más reconocidos muestran su verdadero talento.

Nadal escribe partituras para la historia. Inconformista, goza de una mente privilegiada que se oxigena a través de la superación diaria. Su actitud es encomiable y todo un aval de sus numerosos éxitos en 2013. Nueve títulos, incluidos cinco Masters 1.000 y un Grand Slam (Roland Garros), reflejan su descomunal ambición, la misma que le permitió lograr 11 trofeos en su debut en el circuito profesional con tan solo 19 años.

 

El tiempo pasa, pero la filosofía del manacorí es inamovible: tanto el éxito como la adversidad son estímulos para seguir derribando barreras. Prueba de ello son las 53 victorias y tres derrotas que atesora esta temporada, en la que ya luce el número dos y amenaza, 25 meses después, con recuperar el reinado de la ATP. Sin obsesiones, paso a paso, disfrutando de la seductora melodía que dibuja su gran pasión: el tenis.

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El horizonte está despejado. Hay motivos para sonreír. Su próximo reto será conquistar por segunda vez el US Open. En estado de gracia, Rafa aterrizará en Nueva York como el máximo favorito para asaltar el muro de cemento de Flushing Meadows Park. La exigencia física y psicológica será aún mayor. Le aguardan batallas a cinco sets bajo los sonidos envolventes de Queens. Sin embargo, nada le hará retroceder ni un milímetro. Es insaciable y aún tiene grandes retos por delante, como son levantar la Copa de Maestros y tomar los Masters 1.000 de París-Bercy, Shanghái y Miami. En todos ellos se ha quedado a las puertas de la gloria. La diferencia estriba en que ahora ha afinado, cuidadosamente, los cordajes de su raqueta e irradia una energía inagotable. No cesará de pelear hasta la extenuación. El artista más inspirado y aclamado del momento reclama su trono. Nadal vuelve a tomar el mando.

Fotos: edition.cnn.com y www.abc.es

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La húmeda hierba londinense del All England Club deja paso, en apenas dos meses, al exigente cemento neoyorquino del Flushing Meadows Park. Es allí, al norte del distrito de Queens, donde Nadal aspira a repetir la gesta de 2010 y alzar su segundo US Open. La búsqueda del éxito implica, una vez más, un riesgo muy elevado si tenemos en cuenta que la pista dura supone una seria amenaza para su maltrecha rodilla izquierda, incapaz de cicatrizar sus heridas sobre el césped de Wimbledon. Ese interminable dolor le ha obligado, otra vez, a parar y guardar fuerzas durante 40 largos días. En este periodo, el gladiador español ha podido reflexionar y velar armas antes de poner rumbo a la ‘Gran Manzana’ a finales de agosto.

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Los entrenamientos especiales en el gimnasio y la piscina quedan atrás. Rafa, ya sin vendajes ni ataduras, encara ahora dos citas de relieve con el fin de llegar en plenas condiciones al último Grand Slam de la temporada. Reaparecerá el próximo miércoles en el Masters 1000 de Canadá y tratará de aparcar el miedo a una posible recaída. Es la hoja de ruta a seguir en el Uniprix Stadium de Montreal, donde ya se proclamó campeón en 2005 y 2008 tras derribar a Agassi y Kiefer. Hazañas todavía recientes.

Si todo marcha bien, el manacorí completará su preparación en Cincinnati, donde no ha podido pasar de semifinales, la última de ellas en 2009. El calendario no da tregua y sitúa el torneo de Ohio muy cerca del Abierto de Estados Unidos, la verdadera prueba de fuego. Un año después, el balear volverá al imponente estadio Arthur Ashe para citarse con enemigos temibles, como Murray, vigente campeón; Djokovic, número 1 de la ATP; Federer, respaldado por sus cinco coronas en Nueva York; Ferrer, semifinalista en 2007 y 2012; o Del Potro, la torre de Tandil que tocó el cielo en 2009. Rivales que, además, estarán mucho más rodados a nivel físico. Sin embargo, nada asusta a Nadal. Más bien, será una motivación extra que le hará mucho más competitivo en partidos al mejor de cinco sets.

Tal vez, la inactividad, traducida en falta de ritmo y posibles dudas, juegue en su contra, pero la fortaleza mental de Rafa es un auténtico filón de oro. Esa exigencia ganadora se ha traducido en siete títulos (Acapulco, Sau Paulo, Indian Wells, Barcelona, Madrid, Roma y Roland Garros) y dos finales (Viña del Mar y Montecarlo) desde su vuelta al circuito. Una proeza sin precedentes que le convierte en el mejor jugador del año, con 7.010 puntos.

El verdadero escollo será la pista dura, que castiga seriamente las articulaciones y acorta la carrera deportiva de los profesionales. La exigencia será máxima y Nadal deberá adaptar su juego. Así logró su primer título en esta superficie desde 2010. Lo conquistó el pasado mes de marzo en California, cuando se cumplía un mes y medio de su regreso. Pocos apostaban por él. Y no defraudó ante Del Potro.

Sobreponiéndose al dolor, el tenista español ha demostrado que puede someter a sus oponentes en pista dura si el físico le acompaña. Esa es la incógnita que tendrá que despejar en los próximos días. Queda expuesto al riesgo, pero éste es parte inherente de la gloria que se persigue. Nadal está preparado para saltar, de nuevo, el muro de cemento de Nueva York.

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Fotos: blogs.20minutos.es y www.eldepornauta.com.ar

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Hay heridas que, con el paso del tiempo, no cicatrizan y amenazan con volver a abrirse una y otra vez. El dolor reaparece y alimenta la frustración. Las consecuencias de esta pesadilla ya las conocemos: lesiones serias, inactividad forzada y una gran ola de incertidumbre. La grave lesión de rodilla que sufrió Rafa Nadal en 2012 dejó muchas secuelas sobre la hierba de Londres. El desafío del español comenzaba por recuperar sensaciones sobre esta superficie en la 127ª edición de Wimbledon, pero la historia vuelve a repetirse.

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El balear llegaba lanzado a la Catedral del tenis tras conquistar su octavo Roland Garros y afianzar su dominio sobre la tierra batida. Sin embargo, su adaptación al césped inglés sigue desgastándole física y mentalmente. Ni el descanso obligado que se tomó en el torneo alemán de Halle le ha beneficiado. Esta vez ha sido el belga Steve Darcis (número 135 de la ATP) el que ha hecho añicos su sueño en las pistas del All England Club, como ya hiciera el checo Lukas Rosol el año pasado. Es la primera vez que el tenista manacorí cae eliminado en la primera ronda de un Grand Slam. Una derrota muy dura, en tres sets, de mayor magnitud que las cosechadas en 2003 y 2005 ante Srichaphan y Muller.

No conviene volverse loco. Lo más importante es ver el estado en el que queda la maltrecha rodilla de Nadal, que ya le obligó a parar durante siete meses y a vivir un auténtico calvario. Siendo sinceros, poco más se le podía pedir al manacorí desde su vuelta al circuito ATP: siete títulos y nueve finales. A eso se le llama arrasar.

Rafa siempre se crece ante las adversidades y nunca pone excusas. ¿Alguien lo duda? Él es su primer crítico y el más exigente. Es la naturaleza del campeón; superar sus propios límites y mejorar día a día. Ya conquistó la Centre Court. Se abrió camino en 2008 tras un duelo antológico contra el gigante suizo Roger Federer, heptacampeón del torneo. Las molestias de su rodilla le impidieron defender título, pero volvió a coronarse al año siguiente tras batir a Berdych. Ese 4 de julio de 2010 demostró, una vez más, que su juego puede resultar igual de demoledor que el que exhibe en tierra batida. Conviene tenerlo presente y retenerlo en la memoria.

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Es cierto que, desde esa fecha, todo han sido golpes difíciles de encajar. Djokovic, en la final de 2011, y sobre todo, los tropiezos ante desconocidos como Rosol y Darcis. Derrotas que escuecen, pero que también deben servir de acicate para alcanzar nuevos retos.

La realidad es que Nadal suma 43 victorias y únicamente tres derrotas esta temporada. Es el mejor jugador del año y ya no defenderá puntos durante 2013, mientras que Djokovic, actual número uno, luchará por no perder 6.970. El balear tiene 27 años y tendrá muchas más oportunidades para levantar su tercer Wimbledon e igualar a ilustres como Becker, McEnroe o Newcombe. Las heridas hacen más fuerte al gladiador. Es el momento de descansar, reflexionar, no precipitarse y guardar fuerzas para el US Open, que arrancará el próximo 26 de agosto. Rafa no ha dicho su última palabra. Seamos pacientes y mantengamos la calma.

Fotos: http://www.nacion.com y http://www.lavanguardia.com

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El pulso se acelera de manera descontrolada. La mente se bloquea, no pensamos con claridad. Nos volvemos impulsivos ante ese exceso descontrolado de adrenalina. Nace la ansiedad y acabamos precipitándonos una y otra vez. Son algunas de las secuelas que vienen derivadas del alto nivel de exigencia al que nos vemos sometidos a diario.

La presión se vuelve tan terrible que puede convertirse en frustración si no se reflexiona a tiempo y se recupera la tranquilidad. Porque, al fin y al cabo, estamos luchando contra nosotros mismos. El enemigo está en casa. Y sólo nos queda reconocer nuestros errores y luchar hasta la extenuación para no apartarnos del camino soñado, el que tantas veces ha recorrido Rafa Nadal.

Rafa

El tenista español está acostumbrado a renacer. Tras siete meses en el infierno, sin competir, no ha perdido su humildad ni su capacidad de autocrítica. “Si no soy capaz de calmarme mis opciones serán las de ir a pescar a Mallorca”. Lo reitera, sin tapujos, todo un heptacampeón de Roland Garros que conoce, mejor que nadie, cómo someter a sus rivales en la arcilla de la Philippe Chatrier. Sólo así podrá recuperar su mejor juego, esa velocidad y precisión perfecta en sus golpes.

Demasiados errores, 95 en total, ante adversarios de segunda línea, como Brands, Klizan y Fognini en su primera semana en París. ¿Dudas? El gladiador de Manacor muestra una envidiable entereza mental en situaciones críticas. La máquina perfecta, como reconocía su última víctima en el torneo galo. Estamos ante el mejor jugador del año (seis títulos y ocho finales). Las derrotas y las críticas le hacen más fuerte, temible. Rafa suma 18 victorias consecutivas desde que perdiera su imperio en Mónaco a manos de Novak Djokovic.

 

¿Cuál es el secreto? Trabajar sin descanso, mejorar, encontrar esa regularidad en la pista. Así ha conseguido 55 triunfos en Roland Garros, tres menos que dos grandes tenistas como Nicola Pieatrangeli y Guillermo Vilas. Nadal es un vendaval. 41 títulos en tierra batida avalan su leyenda e infunden respeto, el mismo que profesa a todos sus rivales desde que dio sus primeros pasos en el circuito ATP. Ahí radica gran parte de su grandeza como profesional.

Nadal respira, se prepara para la batalla final. La semana decisiva comienza el lunes, el día de su cumpleaños. No se admiten más distracciones. La hora de la verdad ha llegado. El billete a cuartos pasa por superar al japonés Nishikori. En plena madurez, física y mental, Rafa se dejará la piel hasta el final. No quiere que se repita la pesadilla de 2009, cuando cayó derrotado en octavos ante Soderling. La única derrota del español en París. Aprendió la lección. Se agarrará a la arcilla francesa hasta desfallecer, como hizo en 2011 ante el cañonero Isner para derribarle en cinco sets. El campeón siempre responde a la exigencia más extrema.

Foto: http://www.rafapedia.com

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