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Ioannis Bourousis es el auténtico gigante heleno de Karditsa. Con 2,10 de estatura y 29 años, este center de 122 kilos no para de crecer y mostrar sus galones. Se abrió camino en Atenas, cuna de guerreros y dioses, hace ya 11 años y se ha consagrado como uno de los mejores pívots de Europa. Su juego es tan imponente como el fuego griego, un arma secreta que comenzó a utilizar el imperio bizantino a partir del siglo VI con el fin de contener los asedios navales de los árabes. Es la misma fórmula que ha empleado el nuevo jugador del Real Madrid para someter a sus rivales, a los que suele desquiciar con su fuerte personalidad y envidiable carácter competitivo. Un cinco de los que escasean en el viejo continente, que recuerda mucho a Felipe Reyes por su enorme facilidad a la hora de rebotear y sacrificarse por sus compañeros.

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Su juego no es, precisamente, muy vistoso, pero sí muy efectivo. Buen juego de espaldas, intimidador y una amenaza constante al poste, donde puede anotar con ambas manos y es capaz de sacar muchas faltas a sus oponentes. Es lo que ha dejado patente durante su estancia en Grecia e Italia. Su único lunar fue su paso fugaz por Barcelona, donde acusó su juventud (22 años) y su falta de aclimatación al equipo, pues sólo disputó tres encuentros en los que apenas tuvo protagonismo.

Bourousis ya apuntaba muy alto desde joven y los éxitos no tardaron en llegar. En 2002, se proclamó campeón de Europa Sub’20 con su selección y levantó la liga griega con el AEK. Tras completar su formación y lograr el oro en el Europeo de 2005, decidió dar el salto a Olympiacos. Comenzó a asumir un mayor peso ofensivo y se convirtió en un jugador mucho más completo y ambicioso a las órdenes de Pini Gershon., aunque fue Panagiotis Giannakis quien acabó de pulirlo. Ese gran paso llegaría en 2009. En los cuartos de final de la Euroliga ejerció de líder ante el Real Madrid. Su actuación en el cuarto partido de la serie resultó vital: 25 puntos, seis rebotes, dos asistencias y siete faltas recibidas para sumar 34 de valoración. Olympiacos volvía, diez años después, a una Final Four gracias al pívot de Karditsa, que mantuvo un duelo colosal bajo los aros con Felipe Reyes y fue elegido en el quinteto ideal de la Euroliga junto a McIntyre, Rakocevic, Navarro y Pekovic. Talento al poder.

La guinda llegaría, meses después, en el Eurobasket de Polonia. El combinado heleno lograba el bronce tras superar a Eslovenia, aportando nueve puntos y siete rebotes. Un año mágico en el que también deslumbraría con partidos excelsos en la fase regular de la máxima competición continental. De hecho, apabulló a Efes, al que endosó 23 puntos en 12 minutos, con una valoración de 34.

El panorama cambió en 2010. Su equipo naufragó ante el Barça en la final de la Euroliga (86-68). Un mazazo que se hizo más grande a nivel personal después de ser golpeado en la cabeza con una silla por parte de Krstic durante el transcurso del partido que disputaron Grecia y Serbia en el Torneo de la Acrópolis.

Poco después, España eliminaría a la selección griega en los octavos de final del Mundial de Turquía. Eso sí, Bourousis se desquitó con la consecución de dos Copas griegas en 2010 y 2011. Sin embargo, abandonó Olympiacos por la puerta de atrás tras verse involucrado en una red de dopaje de su país. Es entonces cuando decide cambiar de aires y apostar por el renovado Milán de Sergio Scariolo. En su primera temporada, cumple sin demasiado brillo (nueve puntos y 6,4 rebotes en la Euroliga), aunque estalla en el Eurobasket de Lituania. Los helenos, que acabaron sextos, cedieron en cuartos ante Francia a pesar de sus dobles figuras; 17 puntos y 11 rebotes. Pero Bourousis se desquitó ante Serbia. Mostró un poderío descomunal. 27 puntos, seis rebotes y 25 de valoración en 27 minutos. Grecia mantenía las opciones de llegar a Londres 2012, pero Nigeria acabaría haciendo añicos su sueño en el Preolímpico. De poco sirvieron sus 18 puntos frente a los africanos.

Pero si algo caracteriza a Bourousis es su tremenda ambición. En su segunda campaña en Italia lo dejó bien claro, sobre todo en la Euroliga, donde promedió 14 puntos y 8,3 capturas por encuentro. Su valoración se disparó a 18,9. Todo ello acompañado de una mejora en sus porcentajes; 61,3% en tiros de dos, 38,5% desde el perímetro y 74,5% en libres. Números que no han pasado desapercibidos para el Real Madrid, que apuesta decididamente por la contundencia del pívot griego con el firme objetivo de volver a dominar Europa. Los blancos equilibran su juego y, desde hoy, son un equipo mucho más sólido y poderoso, al igual que las potentes llamas del fuego heleno. De ahí nace la fuerza de Bourousis.

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Fotos: www.elconfidencial.com  y www.libertaddigital.com

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Gen competitivo, mentalidad ganadora y corazón de campeón. Son los tres pilares básicos que cualquier equipo necesita para reinar en Europa. Un hito que Olympiacos ha vuelto a conquistar por segundo año consecutivo y, otra vez, sin partir como máximo favorito. Los griegos, con una intensidad defensiva descomunal y una capacidad física envidiable, han sentado cátedra en la máxima competición de clubes del viejo continente.

Aplastar en semifinales al CSKA ruso, que rezuma talento en todos los puestos gracias a sus 44 millones de euros de presupuesto, sólo estaba a su alcance. Ya lo demostraron el año pasado con el veterano Dusan Ivkovic y lo han vuelto a repetir con un técnico tan brillante como Giorgos Bartzokas, que ha apostado por la continuidad del bloque para seguir creciendo y hacer historia. De este modo, los helenos han conseguido configurar un estilo de juego muy sólido y funcionar como un equipo sin fisuras, donde prima el trabajo colectivo más allá de los chispazos individuales.

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La presión les hace temibles. Su espíritu de superación declina resignarse ante cualquier adversario. Eso es fe, confianza, seguridad, valor y fuerza de guerrero. Así se levantaron en el Top-16 cuando sumaban tres derrotas en los cuatro primeros partidos. El conjunto de El Pireo, que sucumbió ante el Barcelona en dos ocasiones, acabó segundo de grupo y accedió a la Final Four de Londres tras dejar en la cuneta al Efes turco, que llegó a dominar por 15 puntos, en el quinto choque de la serie. Levantarse siempre, creer hasta el último segundo. Y el guión se repitió en la final. Heroicos. Otra remontada, esta vez ante un Real Madrid que quería recuperar, en diez minutos, el trono que había perdido en 18 años. 10-27 en el primer cuarto. ¿Quién levanta esto? Olympiacos, claro.

El triple de Pero Antic abrió el camino. El macedonio y Hines, ese pívot de 1,96 que se abre paso en la zona gracias a su extraordinario físico, llevaron el choque al límite físico. Más contacto, más intimidación. Defensa extrema. La velocidad de Acie Law, la calidad de Perperoglou y los buenos minutos de Sloukas destrozaron los planes de Pablo Laso. Partido en un puño al descanso y sin que Spanoulis, el baluarte de los helenos, hubiera aparecido. Mala noticia, pésima para los blancos. El ex jugador de los Rockets ejerció de líder en una segunda parte para enmarcar. Tres triples consecutivos, aprovechando los bloqueos de Hines en los que Llull se quedó enganchado, para dinamitar el duelo. 22 puntos en 20 minutos para el base que ejecutó, con esa misma anotación, a Estados Unidos en el Mundial de 2006. Clase magistral, en la que no podía faltar un triple estratosférico de más de ocho metros. Tercer MVP de una Final a Cuatro, igualando a Kukoc, para el jugador de Larissa. Kill-Bill total.

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Olympiacos se toma la revancha de 1995, cuando el Real Madrid de Sabonis y Arlauckas levantaba su octava Copa de Europa y dejaba a los pupilos de Ioannidis con la miel en los labios. Desde entonces, los griegos han conquistado tres Euroligas. El varapalo que supuso la derrota ante el Barça en París 2010 (86-68) les ha hecho aún más fuertes en los momentos decisivos. Es el espejo en el que los hombres de Laso deben mirarse. Se ha pagado la inexperiencia en las grandes citas y la falta de un jugador interior de verdadero nivel. Sólo Olympiacos puede permitirse ese lujo por su sistema de juego, único en Europa, en el que todos aportan (seis jugadores anotaron al menos 10 puntos en la final, con una valoración total de 107).

Perder una final de Euroliga no es un fracaso, sí un golpe muy duro que tampoco debe hacer perder la perspectiva. Dos Final Four en los últimos tres años indican que se han construido los cimientos de un equipo campeón. Sólo hace falta paciencia y reforzar algunas líneas.

Ahora, más que nunca, los dirigentes de la entidad merengue no deben precipitarse. Estudiar muy bien las incorporaciones y dar continuidad al proyecto es clave, independientemente de que Pablo Laso no haya gestionado bien los minutos de jugadores tan determinantes como Sergio Rodríguez o que sólo se haya apostado por Hettsheimer para calentar banquillo en detrimento de Ante Tomic. El técnico vitoriano se ha ganado un respeto y más oportunidades. La Liga Endesa es factible si se conserva la calma y el sentido común. Carroll o Mirotic han rendido por debajo de su nivel, pero son piezas indispensables en el esquema. Rudy puede brillar mucho más y lo hará.

De cualquier forma, no conviene olvidar que el Olimpo del baloncesto de clubes es griego: nueve Euroligas desde 1996 (seis para Panathinaikos y tres para Olympiacos). La misión de los españoles será poner fin a esa hegemonía griega. El O2 de Londres espera, de nuevo, en 2014. ¿Quién detiene a los dioses helenos?

Fotos: http://www.lavanguardia.com

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