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Hay heridas que, con el paso del tiempo, no cicatrizan y amenazan con volver a abrirse una y otra vez. El dolor reaparece y alimenta la frustración. Las consecuencias de esta pesadilla ya las conocemos: lesiones serias, inactividad forzada y una gran ola de incertidumbre. La grave lesión de rodilla que sufrió Rafa Nadal en 2012 dejó muchas secuelas sobre la hierba de Londres. El desafío del español comenzaba por recuperar sensaciones sobre esta superficie en la 127ª edición de Wimbledon, pero la historia vuelve a repetirse.

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El balear llegaba lanzado a la Catedral del tenis tras conquistar su octavo Roland Garros y afianzar su dominio sobre la tierra batida. Sin embargo, su adaptación al césped inglés sigue desgastándole física y mentalmente. Ni el descanso obligado que se tomó en el torneo alemán de Halle le ha beneficiado. Esta vez ha sido el belga Steve Darcis (número 135 de la ATP) el que ha hecho añicos su sueño en las pistas del All England Club, como ya hiciera el checo Lukas Rosol el año pasado. Es la primera vez que el tenista manacorí cae eliminado en la primera ronda de un Grand Slam. Una derrota muy dura, en tres sets, de mayor magnitud que las cosechadas en 2003 y 2005 ante Srichaphan y Muller.

No conviene volverse loco. Lo más importante es ver el estado en el que queda la maltrecha rodilla de Nadal, que ya le obligó a parar durante siete meses y a vivir un auténtico calvario. Siendo sinceros, poco más se le podía pedir al manacorí desde su vuelta al circuito ATP: siete títulos y nueve finales. A eso se le llama arrasar.

Rafa siempre se crece ante las adversidades y nunca pone excusas. ¿Alguien lo duda? Él es su primer crítico y el más exigente. Es la naturaleza del campeón; superar sus propios límites y mejorar día a día. Ya conquistó la Centre Court. Se abrió camino en 2008 tras un duelo antológico contra el gigante suizo Roger Federer, heptacampeón del torneo. Las molestias de su rodilla le impidieron defender título, pero volvió a coronarse al año siguiente tras batir a Berdych. Ese 4 de julio de 2010 demostró, una vez más, que su juego puede resultar igual de demoledor que el que exhibe en tierra batida. Conviene tenerlo presente y retenerlo en la memoria.

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Es cierto que, desde esa fecha, todo han sido golpes difíciles de encajar. Djokovic, en la final de 2011, y sobre todo, los tropiezos ante desconocidos como Rosol y Darcis. Derrotas que escuecen, pero que también deben servir de acicate para alcanzar nuevos retos.

La realidad es que Nadal suma 43 victorias y únicamente tres derrotas esta temporada. Es el mejor jugador del año y ya no defenderá puntos durante 2013, mientras que Djokovic, actual número uno, luchará por no perder 6.970. El balear tiene 27 años y tendrá muchas más oportunidades para levantar su tercer Wimbledon e igualar a ilustres como Becker, McEnroe o Newcombe. Las heridas hacen más fuerte al gladiador. Es el momento de descansar, reflexionar, no precipitarse y guardar fuerzas para el US Open, que arrancará el próximo 26 de agosto. Rafa no ha dicho su última palabra. Seamos pacientes y mantengamos la calma.

Fotos: http://www.nacion.com y http://www.lavanguardia.com

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Gen competitivo, mentalidad ganadora y corazón de campeón. Son los tres pilares básicos que cualquier equipo necesita para reinar en Europa. Un hito que Olympiacos ha vuelto a conquistar por segundo año consecutivo y, otra vez, sin partir como máximo favorito. Los griegos, con una intensidad defensiva descomunal y una capacidad física envidiable, han sentado cátedra en la máxima competición de clubes del viejo continente.

Aplastar en semifinales al CSKA ruso, que rezuma talento en todos los puestos gracias a sus 44 millones de euros de presupuesto, sólo estaba a su alcance. Ya lo demostraron el año pasado con el veterano Dusan Ivkovic y lo han vuelto a repetir con un técnico tan brillante como Giorgos Bartzokas, que ha apostado por la continuidad del bloque para seguir creciendo y hacer historia. De este modo, los helenos han conseguido configurar un estilo de juego muy sólido y funcionar como un equipo sin fisuras, donde prima el trabajo colectivo más allá de los chispazos individuales.

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La presión les hace temibles. Su espíritu de superación declina resignarse ante cualquier adversario. Eso es fe, confianza, seguridad, valor y fuerza de guerrero. Así se levantaron en el Top-16 cuando sumaban tres derrotas en los cuatro primeros partidos. El conjunto de El Pireo, que sucumbió ante el Barcelona en dos ocasiones, acabó segundo de grupo y accedió a la Final Four de Londres tras dejar en la cuneta al Efes turco, que llegó a dominar por 15 puntos, en el quinto choque de la serie. Levantarse siempre, creer hasta el último segundo. Y el guión se repitió en la final. Heroicos. Otra remontada, esta vez ante un Real Madrid que quería recuperar, en diez minutos, el trono que había perdido en 18 años. 10-27 en el primer cuarto. ¿Quién levanta esto? Olympiacos, claro.

El triple de Pero Antic abrió el camino. El macedonio y Hines, ese pívot de 1,96 que se abre paso en la zona gracias a su extraordinario físico, llevaron el choque al límite físico. Más contacto, más intimidación. Defensa extrema. La velocidad de Acie Law, la calidad de Perperoglou y los buenos minutos de Sloukas destrozaron los planes de Pablo Laso. Partido en un puño al descanso y sin que Spanoulis, el baluarte de los helenos, hubiera aparecido. Mala noticia, pésima para los blancos. El ex jugador de los Rockets ejerció de líder en una segunda parte para enmarcar. Tres triples consecutivos, aprovechando los bloqueos de Hines en los que Llull se quedó enganchado, para dinamitar el duelo. 22 puntos en 20 minutos para el base que ejecutó, con esa misma anotación, a Estados Unidos en el Mundial de 2006. Clase magistral, en la que no podía faltar un triple estratosférico de más de ocho metros. Tercer MVP de una Final a Cuatro, igualando a Kukoc, para el jugador de Larissa. Kill-Bill total.

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Olympiacos se toma la revancha de 1995, cuando el Real Madrid de Sabonis y Arlauckas levantaba su octava Copa de Europa y dejaba a los pupilos de Ioannidis con la miel en los labios. Desde entonces, los griegos han conquistado tres Euroligas. El varapalo que supuso la derrota ante el Barça en París 2010 (86-68) les ha hecho aún más fuertes en los momentos decisivos. Es el espejo en el que los hombres de Laso deben mirarse. Se ha pagado la inexperiencia en las grandes citas y la falta de un jugador interior de verdadero nivel. Sólo Olympiacos puede permitirse ese lujo por su sistema de juego, único en Europa, en el que todos aportan (seis jugadores anotaron al menos 10 puntos en la final, con una valoración total de 107).

Perder una final de Euroliga no es un fracaso, sí un golpe muy duro que tampoco debe hacer perder la perspectiva. Dos Final Four en los últimos tres años indican que se han construido los cimientos de un equipo campeón. Sólo hace falta paciencia y reforzar algunas líneas.

Ahora, más que nunca, los dirigentes de la entidad merengue no deben precipitarse. Estudiar muy bien las incorporaciones y dar continuidad al proyecto es clave, independientemente de que Pablo Laso no haya gestionado bien los minutos de jugadores tan determinantes como Sergio Rodríguez o que sólo se haya apostado por Hettsheimer para calentar banquillo en detrimento de Ante Tomic. El técnico vitoriano se ha ganado un respeto y más oportunidades. La Liga Endesa es factible si se conserva la calma y el sentido común. Carroll o Mirotic han rendido por debajo de su nivel, pero son piezas indispensables en el esquema. Rudy puede brillar mucho más y lo hará.

De cualquier forma, no conviene olvidar que el Olimpo del baloncesto de clubes es griego: nueve Euroligas desde 1996 (seis para Panathinaikos y tres para Olympiacos). La misión de los españoles será poner fin a esa hegemonía griega. El O2 de Londres espera, de nuevo, en 2014. ¿Quién detiene a los dioses helenos?

Fotos: http://www.lavanguardia.com

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Han pasado ya 17 años, pero Pablo Laso nunca olvidará esa jugada, la que acabó por darle la puntilla al Real Madrid ante el Barcelona en la Final Four de París. Al partido le restaban menos de dos minutos cuando Ferrán Martínez anotó un triple, el único de su equipo, que acabó por desquiciar a los blancos (67-63). La cara del base vitoriano lo decía todo. Impotencia total, reflejada también en jugadores de primer nivel, como Arlauckas, Antúnez o Savic.

Lo cierto es que los culés renacieron de sus cenizas. Habían remontado 15 puntos para deshacerse del vigente campeón de Europa, que acusó mucho la marcha de Sabonis a la NBA. Karnisovas y Godfread, con 46 puntos entre ambos, dieron la puntilla al conjunto de Zeljko Obradovic. García Reneses movió muy bien sus fichas y le ganó la partida al técnico serbio, aunque Panathinaikos acabaría llevándose el título en una final marcada por el tapón ilegal de Vrankovic a Montero.

Laso aún tiene esa espina clavada. Su única Final Four como jugador le dejó un regusto muy amargo. Ahora, como entrenador, quiere desquitarse en Londres. Enfrente, de nuevo, aguarda el eterno rival. Los actores son diferentes, pero la historia se repite casi dos décadas después. La igualdad, como ocurrió en 1996, es máxima. Las fuerzas vuelven a equilibrarse, aunque el Barça está más acostumbrando a codearse con la élite del baloncesto continental en los últimos años. Es el equipo con más participaciones, 13, en la fase final de la Euroliga desde que en 1988 se instaurara este formato. El Real Madrid, por su parte, suma cinco presencias, dos de ellas en los últimos tres años. Será la sexta Final Four con dos equipos españoles en liza. Sólo en una ocasión acabó reinando un club de nuestro país. Tel Aviv fue talismán para el Joventut en 1994 con ese triple de Corny Thompson ante Olympiakos. Antes, los de Badalona se habían impuesto al Barça de Epi.

Lo mejor es que en el O2 Arena de Londres veremos a un equipo español luchando por el título, posiblemente ante el gran favorito, el CSKA de Moscú, con permiso del Olympiakos, verdugo de los rusos en la final de 2012. Los blancos buscan la revancha de París. Y los culés están obligados areinventarse”, según su propio técnico, tras la sensible baja de Pete Mickeal. No olvidemos que los hombres de Xavi Pascual se crecen ante las adversidades. Dominan muy bien la presión. Ya lo vimos ante Panathinaikos cuando los griegos dominaban la serie 2-1. El factor Navarro es su mejor arma. ‘La Bomba’ ha promediado más de 16 puntos por partido en el Top-8 y cada vez está más enchufado tras una temporada marcada por las lesiones. Al cien por cien, Navarro continúa siendo el jugador más determinante de Europa.

Nos espera un partido a cara de perro, sin concesiones. El envite del 10 de mayo es la cita del año para ambos. Laso no quiere que se repita lo acontecido en París. Él no podrá jugar, pero contará con el talento de Sergio Llull y la magia de Sergio Rodríguez para ahuyentar viejos fantasmas. Necesita que su equipo funcione como un bloque compacto para, 18 años después, acceder a una final de la máxima competición europea. El último en lograrlo fue Obradovic. Palabras mayores. El reto de Laso y del Real Madrid es, sinceramente, apasionante.

Fotos: http://www.basketblog.es y http://www.20minutos.es

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Se acabó el contagio, ese mal endémico que había lastrado tanto al Real Madrid en los últimos años. La fiebre amarilla de Tel Aviv no llegó ni siquiera a convertirse en virus porque, esta vez, Pablo Laso sí supo encontrar la vacuna perfecta: la mejor defensa. Agresividad y concentración máxima en el momento más importante de la temporada, el más delicado. Una labor impecable. En cuartos, los israelíes han anotado 57 puntos, 21 menos de los que promediaban en el Top-16. Frenazo en seco del Maccabi. Actuaciones decepcionantes de Hickman y, sobre todo, de Smith (1/12 desde el perímetro y -1 de valoración). La excepción ha sido el pívot Shawn James, la única baza en el juego interior.

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Los porcentajes del equipo de David Blatt han caído en picado de manera escandalosa, con un pobre 28% en triples y 61% en tiros libres. La valoración, ridícula: 53. Intensidad pura. La pizarra del técnico vitoriano ha funcionado a la perfección en este aspecto. Paso de gigante para llegar a la Final Four de Londres por la vía rápida.

La superioridad en el rebote también ha sido manifiesta y, por tanto, clave en la serie. Los blancos han capturado 14 rebotes ofensivos más, lo que les ha permitido gozar de segundas opciones y marcar el ritmo de partido. Dominio absoluto bajo tableros, con un gran papel de Begic y un inconmensurable Felipe Reyes, el guerrero cordobés.

Otra de las claves la encontramos en la explosión de Llull. Máximo anotador de la serie (casi 16 puntos por encuentro), con una clase magistral en el segundo choque. Inspiradísimo en el triple (11/18), buena visión de juego y grandes penetraciones a canasta. Sin precipitarse, asumiendo el rol de líder en la cancha en momentos calientes. Grandes sensaciones. Un calco de lo que pudimos ver en el Palau en 2011, cuando se alzó con el MVP de la Copa del Rey. El motor del ‘aeroplano de Mahón’ se vuelve más fiable y competitivo cuando no se revoluciona en exceso.

 

El Real Madrid ha funcionado como bloque. Ha crecido, como sostiene Laso. No ha acusado el cansancio en el Top-8 porque ha sabido dosificar fuerzas en la ACB, donde puede permitirse bajar la guardia tras tener atado el primer puesto de la liga regular. Carroll, Sergio Rodríguez, Rudy Fernández y Mirotic son un lujo. Cualquiera, por su descomunal talento, puede ser decisivo. Todos son valiosos y, además, se sienten muy identificados con el método de trabajo de su entrenador. Unión máxima. Un factor que no debe faltar en un equipo que aspira a ser campeón.

¿Es todo de color de rosas? No, por supuesto. La dependencia del tiro exterior resulta abusiva, sobre todo cuando el rival cuenta con un gran juego interior, defiende muy bien en estático y pierde muy pocos balones. Me refiero, obviamente, al gran favorito al título: el CSKA de Messina. ¿Qué hay que mejorar? El sistema de juego debe ser más amplio, con una mayor circulación de balón. Mirotic puede hacer mucho daño en el poste, no sólo desde el perímetro. ¿Y el banquillo? La aportación de hombres como Suárez, Draper y Hettsheimer preocupa y mucho. El alero madrileño continúa muy desacertado en ataque (seis puntos en 52 minutos), mientras que la presencia del base norteamericano y del pívot brasileño está siendo testimonial, lo que obliga a que las rotaciones sean más cortas.

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El primer paso, eso sí, ya está dado. El Madrid tiene aún tiempo para mejorar. El O2 de Londres dictará sentencia del 10 al 12 de mayo. Será la quinta Final Four para los blancos, que han perdido tres de sus cuatro semifinales. La única que sacaron adelante fue la que les enfrentó al Limoges en 1995. Después, levantaron el título tras tumbar a Olympiakos en la gran final. De la gesta de Zaragoza ya han pasado 18 años. ¿Se repetirá en la capital inglesa? Londres dictará sentencia.

Fotos: http://www.realmadrid.com

A la orilla del río Támesis, al abrigo de una ciudad hacinada que crecía a un ritmo vertiginoso. Londres tuvo el privilegio de sentar las bases del fútbol en 1863. Un deporte que, a lo largo de su historia, no ha parado de crecer y ganar adeptos en todos los países por su gran impacto social y mediático. Hemos sido testigos de sucesos de gran magnitud, pero tal vez estemos a punto de vivir el acontecimiento deportivo más relevante a nivel de clubes en nuestro país: una final española en la Champions League. Sí, Real Madrid y FC Barcelona podrían verse las caras, por primera vez, el próximo 25 de mayo en Wembley, en la ‘Casa del Fútbol’. Sería, sin lugar a dudas, un broche de oro para conmemorar sus 150 años de vida.

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La gloria española pasa por Wembley, un estadio en el que los blaugranas han levantado ya dos títulos (en 1992 ante la Sampdoria y en 2011 frente al Manchester), mientras que los blancos todavía no han tenido la oportunidad de jugar en este mítico estadio. ¿Será este año? ¿Se trasladará el gran Clásico español a Europa? Los alemanes tienen mucho que decir porque se han cruzado en el camino. Viviremos un doble duelo hispano-germano: Bayern-Barça y Borussia-Real Madrid. Exigencia máxima.

La tarea es sumamente complicada, pero factible. No hay que olvidar que el Barcelona suma seis semifinales consecutivas después de haberse levantado cuando muchos le creían muerto. La plaga de lesiones y el bajón físico de algunos de sus jugadores no le han hecho bajar los brazos. Lo demostró ante el Milán y el PSG. Los culés nunca se han enfrentado al Bayern en semifinales. Sí lo hicieron en los cuartos de final de 2009, cuando arrasaron a los bávaros. 4-0 en el Camp Nou y empate a uno en el Allianz Arena.

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Es cierto que el conjunto de Múnich ha mejorado considerablemente. De hecho, ha arrasado en el campeonato doméstico y aspira a conseguir un triplete histórico de la mano de Jupp Heynckes, al que muchas veces se le ha infravalorado de manera injusta. El Bayern ha explotado esta temporada. Avasalla. Para colmo, la historia también le sonríe, pues ha salido victorioso en nueve de sus 14 semifinales de Copa de Europa. Robben, Ribéry, Müller y Mario Gómez asustan, pero no tanto como Messi. Si el Barça recupera su juego y sus centrocampistas vuelven a fabricar fútbol será difícil no verle en la capital inglesa.

¿Qué le espera al Madrid? Un bloque joven, repleto de talento y gran circulación de balón. El Borussia, verdugo del Málaga, accedió a esta ronda en el descuento, con ayuda arbitral incluida. Es el único club que aún está invicto, con seis victorias y cuatro empates. Götze, Reus, Gündogan y el goleador Lewandowski son los puntales del conjunto de Klopp, que centra sus fuerzas en esta competición tras quedarse sin opciones en la Bundesliga y caer eliminado en la Copa.

Los precedentes más cercanos son favorables para los de Dortmund. Primeros del grupo D, ofreciendo muy buenas sensaciones de juego tras vencer 2-1 en el Westfalenstadion y empatar a dos en el Bernabéu. Sin embargo, el Madrid se deshizo de los germanos en la famosa semifinal de 1998. Ganó 2-0 en la ida, con goles de Morientes y Karembeau, en un partido marcado por la caída de la portería del Fondo Sur. En la vuelta, el empate a cero sirvió para certificar el pase a la final del conjunto que por aquel entonces dirigía Heynckes. Poco después, los blancos volverían a reinar en Europa tras deshacerse de la Juventus. El pasado, eso sí, no sirve para ganar títulos. En este sentido, contar con un futbolista tan determinante como Cristiano Ronaldo sí que es una garantía de éxito. No obstante, el portugués necesitará más ayuda por parte de sus compañeros. Özil, Xabi Alonso, Higuaín y Di María deben subir el nivel.

 

            En fin, se acabaron las concesiones. Llegan las semifinales de Champions. Es el momento en el que Barça y Madrid deben explotar al máximo sus recursos y citarse, de una vez, por todas en Wembley. Agrandar su leyenda y hacer historia pasa por Londres.