El sueño americano de un espigado joven de Lagos comenzó a cobrar forma en los últimos días de la primavera de 1984. El 19 de junio, buena parte de las ilusiones de millones de nigerianos se concentraba en Nueva York. David Stern desató la locura en el país africano tras desvelar que Akeem Abdul Olajuwon era el número uno del draft, por delante de Michael Jordan (3), Charles Barkley (5) y John Stockton (16). Su destino quedaba vinculado a Houston, donde este talentoso pívot de 2,10 se había formado junto a figuras de la talla de Clyde Drexler, uno de sus grandes amigos. Ambos constituyeron los cimientos ganadores de unos Cougars que rozaron el título de la NCAA durante dos años gracias a su espectacular juego, bautizado por los expertos como la ‘Phi Slamma Jamma’.

1995 NBA Finals Game 1: Houston Rockets vs. Orlando Magic

Olajuwon comenzó su ‘baile’ en las pistas de la NBA junto a otro gigante de 2,24, Ralph Sampson, rookie del año la temporada anterior con 21 puntos y 11 rebotes por partido. Un tándem de lujo, conocido como las Torres Gemelas, que dio sus frutos en muy poco tiempo. Akeem mostró al mundo su excelente juego de pies y firmó 20,6 puntos, 11,9 rebotes y 2,68 tapones en su primer año. Únicamente Jordan superó sus números.

En su segundo año, The Dream se desató y se ganó este apodo por méritos propios. Había nacido una estrella, cuya inmensa luz deslumbró a los Lakers en la final de la conferencia Oeste de 1986. Fue su bautismo de fuego. Anotó más de 37 puntos de media en los dos últimos choques y se convirtió en el verdugo del conjunto californiano. Imparable en la zona. Los Rockets estaban a un paso del anillo, pero los Celtics de Bird, McHale y Parish no titubearon y resolvieron la serie sin muchas dificultades (4-2).

Tras más de un lustro de sombras a nivel de resultados, Houston volvía por la puerta grande a las órdenes de Rudy Tomjanovich. En ese periodo, el center nigeriano no sólo había cambiado su nombre por el de Hakeem, sino que había pulido más su amplio repertorio de movimientos al poste, muy bien aconsejado por el mítico Moses Malones, dos veces MVP de la NBA. Su juego crecía de manera espectacular, lo que le permitía destacar en casi todas las facetas. El 29 de marzo de 1990 hizo historia al lograr un cuádruple-doble ante los Bucks: 18 puntos, 16 rebotes, 10 asistencias y 10 tapones. Melodía celestial.

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El Dream Shake causaba furor. Desquiciaba a sus defensores con fintas imposibles e inéditos pasos de bailarín. A ello se añadía su gran capacidad de intimidación y su seguridad bajo los aros. Así comenzó a forjarse la leyenda del mejor pívot nigeriano de todos los tiempos, que se permitía el lujo de martillear la zona de Patrick Ewing, David Robinson, Karl Malone y un imberbe Shaquille O’Neal.

         Precisamente, su primer anillo llegó tras ganarle la partida a los Knicks del jamaicano Ewing en 1994. El equipo neoyorquino dominaba 3-2 y tenía posesión para proclamarse campeón, pero Olajuwon taponó un triple de John Starks y forzó el séptimo encuentro. Ahí volvió a ser decisivo, con 25 puntos y 10 rebotes. Completaba una temporada mágica en la que ganó el MVP de la temporada regular y de las finales y fue designado mejor jugador defensivo. El anhelado sueño de ese niño, que empezó como portero de fútbol y jugador de balonmano, se hizo realidad a sus 31 años.

La disciplina y constancia del jugador de ascendencia Yoruba, con pasaporte norteamericano desde 1993, propiciaba unos resultados óptimos al equipo texano. Hakeem era la única estrella, con escuderos como Robert Horry, Otis Thorpe, Vernon Maxwell, Kenny Smith y Sam Cassell. Los Rockets estaban de moda, más aún tras la incorporación de Clyde Drexler. Funcionaban como bloque y volverían a ganar el anillo en 1995 a pesar de su floja temporada regular (47 victorias y 35 derrotas). Superaron a Utah y Phoenix con dificultades para plantarse en la final de conferencia y derribar el muro de los Spurs de Robinson y Rodman. No había manera de frenar las genialidades de un Olajuwon, quien promedió 33 puntos y 10,3 rebotes en los play-off por el título, y no tuvo piedad de los Magic (4-0) de O’Neal.

Sin embargo, la plantilla envejecía y las lesiones se cruzaban en el camino de Houston, que intentó volver por sus fueros con la adquisición de Charles Barkley. Los Rockets daban un gran salto de calidad y superaban a Minnesota y Seattle en las primeras rondas, pero los emergentes Jazz de Stockton y Malone supieron contenerles en la final de conferencia de 1997 (4-2). Ni siquiera la posterior incorporación de Pippen ayudó a renacer a la franquicia de Texas. Olajuwon, su hijo predilecto, abandonaba su casa después de 17 temporadas y emprendía rumbo a Toronto, donde se retiraría con 39 años.

Atrás quedan 1.238 partidos y una sobresaliente media de 21,8 puntos, 11,1 rebotes, 2,5 asistencias, 3,1 tapones y 1,7 robos por partido, con un porcentaje del 51,2% en lanzamientos de dos. A día de hoy, Hakeem, 12 veces All-Star y oro olímpico en Atlanta, aún puede presumir de ser el máximo taponeador de la NBA (3.830) y de sobresalir en las estadísticas históricas de anotación (noveno), rebotes (duodécimo) y recuperaciones (octavo). Accedió al Hall of Fame en 2008, pero mucho antes cumplió un sueño que parecía inalcanzable: reinar en la NBA y marcar una época desde la elegancia que desprendían sus acompasados movimientos. Su música era el baloncesto y él su mejor bailarín en la pista. Pura y atrayente melodía.

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Fotos: www.fivemagazine.eswww.nba.com 3deportivo.blogspot.com

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Los ciclistas conocen, mejor que nadie, el verdadero valor del sufrimiento en el deporte. Sólo ellos son capaces de realizar hazañas que, para la mayoría, resultan inalcanzables e inhumanas por su extrema dureza. Ni siquiera la alargada sombra del dopaje, encarnada en figuras tan repudiadas como la de Lance Armstrong, puede impedirnos disfrutar de la esencia del ciclismo. Es un lujo contemplar cómo el corredor se funde con la propia naturaleza y trata de superar sus propios límites a los mandos de una bicicleta, su fiel escudera en este largo viaje que se inició a finales del siglo XIX en París y aún conserva su mejor aroma a pesar de los baches que se divisan en el camino.

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La grandeza del ciclismo es inmensa. Lo hemos constatado en el Tour 2013, que ha logrado cautivar e ilusionar al público. En el año de su centenario, la ronda gala ha estado a la altura de lo que se demandaba. Cuatro finales en alto, 28 puertos de primera y segunda categoría, y un espectacular final nocturno en los Campos Elíseos, donde ya reina el británico Chris Froome. Su dominio resultó abrumador en Ax 3 Domaines, Ventoux y la contrarreloj individual disputada entre las localidades de Embrun y Chorges. Una victoria sin paliativos que despeja dudas sobre su capacidad de liderazgo, puesta en duda en 2012 tras ejercer de gregario de su jefe de filas, Bradley Wiggins, y concluir a su sombra.

        Froome, de origen keniano, es pura clase. Con 28 años, pero únicamente seis de profesional, promete mucho más éxitos si mantiene este ritmo competitivo y le respetan las lesiones. Un genio inconformista que, en muchas etapas, ha sido el primero en atacar a sus rivales a pesar de conservar una gran ventaja sobre los mismos. Esa ambición le ha permitido ganar  el Tour de Omán, el Critérium Internacional, el Tour de Romandía y el Critérium del Dauphiné. Se ha quitado las ataduras y lo ha bordado de principio a fin. Una temporada perfecta.

        El espectáculo también ha sido grandioso gracias a la irrupción de jóvenes joyas como Nairo Quintana, segundo en la general y ganador del maillot de la montaña y del mejor joven. Hasta la fecha, nadie había sido capaz de ser el mejor en estas dos categorías. Todo un hito para este colombiano de 1,67 y 57 kilos, que se ha convertido en el orgullo de su país. Las jóvenes promesas del pelotón deben seguir su ejemplo. Un escalador nato que nunca se arruga e infunde un gran respeto a pesar de su juventud, como dejó patente en el Tour del Porvenir 2010. Virtudes que le permitieron exhibirse en Semnoz el mismo día en que se festejaba el Día Nacional de Colombia. Es el segundo colombiano que sube al podio de París tras Fabio Parra. De momento, Nairo ya nos ha dejado con la boca abierta. Su energía es inagotable.

En una edición tan especial no podía faltar el color español. A sus 34 años, ‘Purito’ Rodríguez ha finalizado tercero después de completar una sobresaliente remontada en la última semana de la prueba, marcada por la exigencia de la montaña. La madurez e inteligencia del corredor catalán se ha visto recompensada con podios en las tres grandes rondas ciclistas (segundo en el Giro 2012 y tercero en la Vuelta 2010 y 2012).

El purasangre incansable de Parets no ha dicho aún su última palabra. Su próximo objetivo será conseguir su primera Vuelta a España, que arranca el próximo 24 de agosto en Villanueva de Arosa. Allí no veremos a Alberto Contador, que se ha quedado sin fuerzas en la recta final del Tour. Se fue al suelo el primer día y volvió a besar el asfalto en el descenso de Manse. Pese a las adversidades, el de Pinto ha acabado cuarto sin estar en su máxima plenitud física. Es cierto que se esperaba mucho más de él, pero conviene no darle por acabado por su contrastada calidad y experiencia. Todavía le queda cuerda para rato, tanta como al Tour, que vuelve a recuperar esa ilusión que tan bien conecta con el aficionado. Es el camino a seguir si queremos conservar el alma del ciclismo.

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Fotos: http://www.marca.com y http://www.libertaddigital.com

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Ioannis Bourousis es el auténtico gigante heleno de Karditsa. Con 2,10 de estatura y 29 años, este center de 122 kilos no para de crecer y mostrar sus galones. Se abrió camino en Atenas, cuna de guerreros y dioses, hace ya 11 años y se ha consagrado como uno de los mejores pívots de Europa. Su juego es tan imponente como el fuego griego, un arma secreta que comenzó a utilizar el imperio bizantino a partir del siglo VI con el fin de contener los asedios navales de los árabes. Es la misma fórmula que ha empleado el nuevo jugador del Real Madrid para someter a sus rivales, a los que suele desquiciar con su fuerte personalidad y envidiable carácter competitivo. Un cinco de los que escasean en el viejo continente, que recuerda mucho a Felipe Reyes por su enorme facilidad a la hora de rebotear y sacrificarse por sus compañeros.

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Su juego no es, precisamente, muy vistoso, pero sí muy efectivo. Buen juego de espaldas, intimidador y una amenaza constante al poste, donde puede anotar con ambas manos y es capaz de sacar muchas faltas a sus oponentes. Es lo que ha dejado patente durante su estancia en Grecia e Italia. Su único lunar fue su paso fugaz por Barcelona, donde acusó su juventud (22 años) y su falta de aclimatación al equipo, pues sólo disputó tres encuentros en los que apenas tuvo protagonismo.

Bourousis ya apuntaba muy alto desde joven y los éxitos no tardaron en llegar. En 2002, se proclamó campeón de Europa Sub’20 con su selección y levantó la liga griega con el AEK. Tras completar su formación y lograr el oro en el Europeo de 2005, decidió dar el salto a Olympiacos. Comenzó a asumir un mayor peso ofensivo y se convirtió en un jugador mucho más completo y ambicioso a las órdenes de Pini Gershon., aunque fue Panagiotis Giannakis quien acabó de pulirlo. Ese gran paso llegaría en 2009. En los cuartos de final de la Euroliga ejerció de líder ante el Real Madrid. Su actuación en el cuarto partido de la serie resultó vital: 25 puntos, seis rebotes, dos asistencias y siete faltas recibidas para sumar 34 de valoración. Olympiacos volvía, diez años después, a una Final Four gracias al pívot de Karditsa, que mantuvo un duelo colosal bajo los aros con Felipe Reyes y fue elegido en el quinteto ideal de la Euroliga junto a McIntyre, Rakocevic, Navarro y Pekovic. Talento al poder.

La guinda llegaría, meses después, en el Eurobasket de Polonia. El combinado heleno lograba el bronce tras superar a Eslovenia, aportando nueve puntos y siete rebotes. Un año mágico en el que también deslumbraría con partidos excelsos en la fase regular de la máxima competición continental. De hecho, apabulló a Efes, al que endosó 23 puntos en 12 minutos, con una valoración de 34.

El panorama cambió en 2010. Su equipo naufragó ante el Barça en la final de la Euroliga (86-68). Un mazazo que se hizo más grande a nivel personal después de ser golpeado en la cabeza con una silla por parte de Krstic durante el transcurso del partido que disputaron Grecia y Serbia en el Torneo de la Acrópolis.

Poco después, España eliminaría a la selección griega en los octavos de final del Mundial de Turquía. Eso sí, Bourousis se desquitó con la consecución de dos Copas griegas en 2010 y 2011. Sin embargo, abandonó Olympiacos por la puerta de atrás tras verse involucrado en una red de dopaje de su país. Es entonces cuando decide cambiar de aires y apostar por el renovado Milán de Sergio Scariolo. En su primera temporada, cumple sin demasiado brillo (nueve puntos y 6,4 rebotes en la Euroliga), aunque estalla en el Eurobasket de Lituania. Los helenos, que acabaron sextos, cedieron en cuartos ante Francia a pesar de sus dobles figuras; 17 puntos y 11 rebotes. Pero Bourousis se desquitó ante Serbia. Mostró un poderío descomunal. 27 puntos, seis rebotes y 25 de valoración en 27 minutos. Grecia mantenía las opciones de llegar a Londres 2012, pero Nigeria acabaría haciendo añicos su sueño en el Preolímpico. De poco sirvieron sus 18 puntos frente a los africanos.

Pero si algo caracteriza a Bourousis es su tremenda ambición. En su segunda campaña en Italia lo dejó bien claro, sobre todo en la Euroliga, donde promedió 14 puntos y 8,3 capturas por encuentro. Su valoración se disparó a 18,9. Todo ello acompañado de una mejora en sus porcentajes; 61,3% en tiros de dos, 38,5% desde el perímetro y 74,5% en libres. Números que no han pasado desapercibidos para el Real Madrid, que apuesta decididamente por la contundencia del pívot griego con el firme objetivo de volver a dominar Europa. Los blancos equilibran su juego y, desde hoy, son un equipo mucho más sólido y poderoso, al igual que las potentes llamas del fuego heleno. De ahí nace la fuerza de Bourousis.

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Fotos: www.elconfidencial.com  y www.libertaddigital.com

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El 22 de junio de 1987, apenas un mes antes de que la banda norteamericana Guns N’Roses publicara su aclamado álbum ‘Appetite for Destruction’, un jugador de dos metros de estatura y menos de 90 kilos irrumpía en el draft de la NBA. David Robinson, número 1 de esa ronda, y el malogrado Armen Gilliam, ‘El ‘Martillo’, acaparaban los principales focos. En un segundo plano aparecía, sin hacer mucho ruido, un alero que había dejado una gran huella en la Universidad de California. Mucho menos popular que el base Steve Alford, de Indiana Hoosiers, los Pacers apostaron por un francotirador excelso: Reggie Miller. Había llegado la hora de abrirse camino en la mejor liga de baloncesto del mundo y de ganarse un respeto, como ese mismo año logró Aretha Franklin al ingresar en el Salón de la Fama del Rock.

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La NBA todavía lloraba la marcha de Julius Erving, uno de sus grandes ídolos, pero vibraba con la magia de los Lakers de Magic Jhonson, MVP de esa temporada, y el talento de Michael Jordan, máximo anotador, con una media de 37,1 puntos. El elenco de estrellas era casi infinito: Kareem Abdul-Jabbar, James Whorty, Larry Bird, Kevin McHale, Robert Parish, Isiah Thomas, Charles Barkley, Hakeem Olajuwon, Clyde Drexler, Karl Malone, John Stockton, Patrick Ewing, Joe Dumars, Dominique Wilkins … Casi nada. ¿Cómo hacerse un hueco?

El alero de Riverside lo tenía muy claro. La fórmula no era otra que el trabajo diario. Necesitaba pulir más su tiro para convertirse en un jugador letal. Y no decepcionó. En su primera temporada, Miller se desató desde el perímetro y superó la marca que había establecido Larry Bird como rookie. Sólo era el principio. Al año siguiente, sus promedios mejoraron de manera notable; casi 25 puntos por encuentro y un 41% en triples. La franquicia de Indianápolis comenzaba, por fin, a crecer. Reggie ganaba madurez. Se estaba convirtiendo en un líder al que no le temblaba el pulso en los momentos calientes. Así lo demostró en el quinto partido de la final de la conferencia Este de 1994 ante Nueva York. Silenció el Madison Square Garden. Anotó 39 puntos, 25 de ellos en el último cuarto, y comandó la victoria de su equipo, que cayó finalmente eliminado a manos de los neoyorquinos.

 

Indiana se tomó la revancha en las semifinales de 1995. Miller hizo posible lo imposible en el primer partido de la serie. Los Knicks dominaban por seis puntos a falta de 18,7 segundos. Sin embargo, ‘The Killer’, apodo que se ganó el número 31 de los Pacers, entró en escena. Ocho puntos (dos triples y dos tiros libres) en nueve segundos. Spike Lee no podía creérselo. El guión se le había escapado de las manos. Reggie tenía el mando. Él era el director de esa película de ciencia-ficción, que tampoco tendría final feliz por culpa de los Magic de ‘Penny’ Hardaway y Shaquille O’Neal.

 

No era el momento de rendirse ni de bajar los brazos. La llegada al banquillo de un hombre de la casa, como Larry Bird, resultó todo un acierto. Sólo los Bulls de Jordan cortaron las alas a Indiana en 1998. Chicago tuvo que sudar de lo lindo y la eliminatoria se decidió en el séptimo partido. No obstante, el triple sobre la bocina de Miller en el cuarto partido de la serie quedará siempre en la memoria de cualquier aficionado. Una muestra más de su raza competitiva ante, posiblemente, el mejor jugador de todos los tiempos.

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El esfuerzo a tantos años de duro sacrificio dio sus frutos dos años después. Con Miller y Jalen Rose compartiendo protagonismo en ataque, los Pacers se plantaron, por primera vez, en la final de la NBA tras eliminar a Nueva York, su verdugo la temporada anterior. En la batalla final aguardaban los poderosos Lakers de O’Neal y Bryant. Con 2-0, la eliminatoria llegó al Conseco Fieldhouse, donde Reggie tomó la palabra. 33 puntos en el tercer envite y triunfo para los de Indianápolis. El cuarto choque fue vibrante, un cara a cara espectacular entre Shaq, 36 puntos y 21 rebotes, y Miller, 35 puntos. Todo se decidió en la prórroga, con un Kobe Bryant providencial, aunque Miller erró el triple de la victoria.

El anillo se esfumó, prácticamente, en ese tiro a pesar de que Indiana sería capaz de vapulear a los angelinos (120-87) en el quinto encuentro. Finalmente, los angelinos se proclamaron campeones en el sexto partido. Miller lo intentó hasta le extenuación. Sus más de 24 puntos por encuentro en la final no fueron suficientes. Una campaña más volvía a quedarse a las puertas de la gloria.

La posterior salida de Bird tampoco ayudó a mantener el proyecto ganador. A pesar de las dificultades y de las ofertas que tuvo sobre la mesa, Reggie no abandonó nunca a los Pacers. Amor incondicional. Dio la talla hasta el final. Con casi 40 años se permitió el lujo de endosarle 39 puntos a los Lakers. Pocos pueden hacer lo mismo.

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Como anotador sublime, Miller se despidió a lo grande de las canchas de la NBA. Su última presa, Detroit, recibió 27 puntos. Se ganó el reconocimiento de una afición entregada a su fe ganadora. En sus 1.389 partidos con Indiana, el francotirador de Riverside promedió 18,2 puntos, con unos porcentajes sobresalientes: 47,1% en lanzamientos de dos, 39,5% desde la línea exterior y 88% en tiros libres. Su extraordinaria y eficiente mecánica de tiro, tanto en estático como en movimiento, le convierte en todo un mito del baloncesto. Una muñeca infalible, con 2.560 triples anotados en su brillante carrera, sólo superados por Ray Allen. El aniquilador de Indiana nos brindó 18 temporadas de puro lujo. No conquistó ningún anillo, pero nos hizo soñar y descubrir la grandeza de este deporte durante casi dos décadas. Un especialista en canastas imposibles que siempre formará parte de la leyenda del baloncesto. Se lo ha ganado con creces.

 

Fotos: fathomtheimagery.tumblr.com31andonly.deviantart.com y http://www.vavel.com

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Permanecer impasible ante la adversidad es sinónimo de fracaso continuo. Ferrari se empeña en vivir alejada de la realidad y muestra un inmovilismo irritante ante uno de sus puntos más débiles: las calificaciones. La llegada de Fernando Alonso en 2010 no ha servido de estímulo para minimizar daños, que se traducen en una cuantiosa pérdida de puntos en el Mundial de pilotos. Resulta sonrojante constatar que la escudería italiana ha conseguido cuatro poles en las últimas 67 carreras. Un dato ridículo e irrisorio si, de verdad, se quiere luchar por el campeonato sin confiar en los milagros y las remontadas imposibles del bicampeón español.

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Red Bull representa el polo opuesto. Desde la temporada 2010 hasta el GP de Alemania 2013, la marca austríaca ha logrado el primer puesto de la parrilla en 44 ocasiones, es decir, en el 65% de las citas. De esas 44 poles, Vettel ha conquistado 34, lo que le ha permitido escaparse de sus rivales desde los primeros metros y asegurar puntos, más fácilmente, ante problemas de fiabilidad del monoplaza y posibles accidentes o errores humanos. El apabullante dominio de Red Bull en este aparatado le ha permitido marcar la diferencia en los últimos tres Mundiales, sobre todo en los de 2010 y 2012, resueltos por tan solo cuatro y tres puntos, respectivamente, de diferencia.

 
Las concesiones del equipo que preside Luca di Montezemolo son intolerables porque se repiten una y otra vez en el tiempo sin que nadie sea capaz de poner el orden necesario. Se cumple ya un año de la última pole de Ferrari. La lluvia tuvo que aparecer sobre el circuito de Hockenheim para que Alonso conquistara la primera línea de salida, tal y como había sucedido dos semanas antes en Inglaterra. Estos excelentes resultados dieron sus frutos porque se tradujeron en una victoria en Alemania y en un segundo puesto en el Gran Premio de Gran Bretaña. Desde entonces, sequía permanente en 19 pruebas. Luchar por el primer puesto se ha convertido en una quimera. Las decepciones están siendo mayúsculas en las últimas semanas: décimo puesto en Silverstone y octava plaza en Nürburgring. Una tortura para el piloto asturiano.

 

En 2013, Red Bull ya no es el claro dominador de la jornada sabatina. Mercedes suma seis poles en nueve carreras (tres para Hamilton y otras tantas para Rosberg) tras rentabilizar los test secretos que llevó a cabo en colaboración con Pirelli. Una acción que se ha quedado sin castigo tras la tibia e incomprensible sanción de la FIA.

Lo cierto es que Alonso no ha podido pasar del tercer puesto en las clasificaciones. Ferrari tenía la esperanza de estar mucho más cerca de Red Bull una vez que el DRS ha dejado de utilizarse en la calificación, pero la situación no ha variado. Uno de los principales frentes de la escudería de ‘Il Cavalino Rampante’ es resolver el problema de las gomas, ya que los neumáticos tardan más de lo deseado en adquirir una temperatura óptima. Todo un lastre, tal y como ha reconocido el jefe de diseño del F138, Simone Resta.

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Los ingenieros trabajan a marchas forzadas para paliar este handicap en el túnel de viento de Colonia, pero el tiempo apremia. La buena noticia es que el monoplaza tiene un gran ritmo de carrera y que el piloto asturiano está a 21 puntos de Vettel en el ecuador del Mundial. Sin embargo, la falta de carga aerodinámica del Ferrari en las qualifys está pasando factura en Maranello. Y por si fuera poco, las nuevas piezas tampoco están funcionando. El coche es, prácticamente, el mismo que el de Barcelona. Demasiados frentes abiertos y pocas respuestas productivas.

Fotos: formula1.autobild.es y http://www.elcomercio.es

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Trabajo, sacrificio y talento al servicio del equipo. Es la fórmula perfecta que aplica el seleccionador nacional de baloncesto femenino, Lucas Mondelo, para volver a reinar en el viejo continente. Sin hacer ruido y huyendo del pesimismo que nos perseguía desde 2011, las heroínas españolas han repetido la gesta de Perugia. En 1993, colosas como Ares, Cebrián o Ferragut marcaron el camino hacia la gloria ante Francia. Dos décadas después, Lyttle, Torrens, Xargay y compañía toman de nuevo el mando en la pequeña localidad francesa de Orchies. Y lo hacen por la puerta grande después de someter en su propia casa al portentoso combinado galo, actual subcampeón olímpico, y finalizar invictas el torneo; nueve victorias que disipan cualquier atisbo de dudas. Descomunales.

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Es el brillante triunfo de un bloque que aúna juventud y veteranía. España ha demostrado una ambición superlativa tras el inesperado tropiezo del Eurobasket de Polonia, cuya novena plaza nos privó de los Juegos Olímpicos de Londres. Pero de ese accidente (las españolas sumaban cinco metales consecutivos hasta entonces en los Europeos) se ha aprendido a marchas forzadas para poner las cosas en su sitio y tocar el cielo. La llegada al banquillo de Mondelo ha acelerado el proceso de aprendizaje. El entrenador barcelonés cogió las riendas de la Selección en mayo de 2012 y, desde entonces, lo ha bordado. La mejor elección posible, como demuestra su brillante palmarés: plata con la Sub-19 en el Mundial, más un oro y una plata con la Sub-20 en los Europeos. Lo ganó todo a los mandos de Perfumerías Avenida e, incluso, se ha proclamado campeón de la Liga China con un equipo recién ascendido. Su filosofía conecta muy bien con las jugadoras y se traduce en resultados.

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En la cancha, el equipo español se sustenta, principalmente, en la clase y la magia de dos de sus jugadoras, compañeras en el Galatasaray turco. El primer bastión es la pívot caribeña Sancho Lyttle, nacionalizada en 2010 y MVP del torneo, con un promedio de 18,3 puntos y 11,1 rebotes. Determinante, imparable. El segundo pilar es la alero mallorquina Alba Torrens, de 23 años, que asume la responsabilidad en los momentos críticos y siempre responde a la exigencia.

 

España, eso sí, es mucho más. Hablamos de un auténtico equipazo en el que todas aportan, como la joven Marta Xargay, MVP del Mundial Sub-19, o las veteranas Elisa Aguilar y Amaya Valdemoro. Ambas se han despedido de la mejor manera posible de la Selección, con la que han conquistado seis metales, y dejan un recuerdo imborrable. Y no nos podemos olvidar de las guerreras Silvia Domínguez, Laia Palau, Cristina Ouviña, Queralt Casas, Cindy Lima, Laura Nicholls y Laura Gil. Son las 12 heroínas de Orchies y ya forman parte de la historia de nuestro baloncesto. Su próximo reto será mayúsculo, como su corazón: defender el bronce del último Mundial de la República Checa y plantarle cara a las norteamericanas en Turquía 2014. Las chicas de Mondelo pisan fuerte. Su valor es incalculable, como el metal más preciado que ya poseen. Una generación de oro.

Fotos: http://www.rtve.es y http://www.zonadostres.com

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Hay heridas que, con el paso del tiempo, no cicatrizan y amenazan con volver a abrirse una y otra vez. El dolor reaparece y alimenta la frustración. Las consecuencias de esta pesadilla ya las conocemos: lesiones serias, inactividad forzada y una gran ola de incertidumbre. La grave lesión de rodilla que sufrió Rafa Nadal en 2012 dejó muchas secuelas sobre la hierba de Londres. El desafío del español comenzaba por recuperar sensaciones sobre esta superficie en la 127ª edición de Wimbledon, pero la historia vuelve a repetirse.

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El balear llegaba lanzado a la Catedral del tenis tras conquistar su octavo Roland Garros y afianzar su dominio sobre la tierra batida. Sin embargo, su adaptación al césped inglés sigue desgastándole física y mentalmente. Ni el descanso obligado que se tomó en el torneo alemán de Halle le ha beneficiado. Esta vez ha sido el belga Steve Darcis (número 135 de la ATP) el que ha hecho añicos su sueño en las pistas del All England Club, como ya hiciera el checo Lukas Rosol el año pasado. Es la primera vez que el tenista manacorí cae eliminado en la primera ronda de un Grand Slam. Una derrota muy dura, en tres sets, de mayor magnitud que las cosechadas en 2003 y 2005 ante Srichaphan y Muller.

No conviene volverse loco. Lo más importante es ver el estado en el que queda la maltrecha rodilla de Nadal, que ya le obligó a parar durante siete meses y a vivir un auténtico calvario. Siendo sinceros, poco más se le podía pedir al manacorí desde su vuelta al circuito ATP: siete títulos y nueve finales. A eso se le llama arrasar.

Rafa siempre se crece ante las adversidades y nunca pone excusas. ¿Alguien lo duda? Él es su primer crítico y el más exigente. Es la naturaleza del campeón; superar sus propios límites y mejorar día a día. Ya conquistó la Centre Court. Se abrió camino en 2008 tras un duelo antológico contra el gigante suizo Roger Federer, heptacampeón del torneo. Las molestias de su rodilla le impidieron defender título, pero volvió a coronarse al año siguiente tras batir a Berdych. Ese 4 de julio de 2010 demostró, una vez más, que su juego puede resultar igual de demoledor que el que exhibe en tierra batida. Conviene tenerlo presente y retenerlo en la memoria.

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Es cierto que, desde esa fecha, todo han sido golpes difíciles de encajar. Djokovic, en la final de 2011, y sobre todo, los tropiezos ante desconocidos como Rosol y Darcis. Derrotas que escuecen, pero que también deben servir de acicate para alcanzar nuevos retos.

La realidad es que Nadal suma 43 victorias y únicamente tres derrotas esta temporada. Es el mejor jugador del año y ya no defenderá puntos durante 2013, mientras que Djokovic, actual número uno, luchará por no perder 6.970. El balear tiene 27 años y tendrá muchas más oportunidades para levantar su tercer Wimbledon e igualar a ilustres como Becker, McEnroe o Newcombe. Las heridas hacen más fuerte al gladiador. Es el momento de descansar, reflexionar, no precipitarse y guardar fuerzas para el US Open, que arrancará el próximo 26 de agosto. Rafa no ha dicho su última palabra. Seamos pacientes y mantengamos la calma.

Fotos: http://www.nacion.com y http://www.lavanguardia.com

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