Olajuwon, sueños melódicos

Publicado: 28/07/2013 en Baloncesto
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El sueño americano de un espigado joven de Lagos comenzó a cobrar forma en los últimos días de la primavera de 1984. El 19 de junio, buena parte de las ilusiones de millones de nigerianos se concentraba en Nueva York. David Stern desató la locura en el país africano tras desvelar que Akeem Abdul Olajuwon era el número uno del draft, por delante de Michael Jordan (3), Charles Barkley (5) y John Stockton (16). Su destino quedaba vinculado a Houston, donde este talentoso pívot de 2,10 se había formado junto a figuras de la talla de Clyde Drexler, uno de sus grandes amigos. Ambos constituyeron los cimientos ganadores de unos Cougars que rozaron el título de la NCAA durante dos años gracias a su espectacular juego, bautizado por los expertos como la ‘Phi Slamma Jamma’.

1995 NBA Finals Game 1: Houston Rockets vs. Orlando Magic

Olajuwon comenzó su ‘baile’ en las pistas de la NBA junto a otro gigante de 2,24, Ralph Sampson, rookie del año la temporada anterior con 21 puntos y 11 rebotes por partido. Un tándem de lujo, conocido como las Torres Gemelas, que dio sus frutos en muy poco tiempo. Akeem mostró al mundo su excelente juego de pies y firmó 20,6 puntos, 11,9 rebotes y 2,68 tapones en su primer año. Únicamente Jordan superó sus números.

En su segundo año, The Dream se desató y se ganó este apodo por méritos propios. Había nacido una estrella, cuya inmensa luz deslumbró a los Lakers en la final de la conferencia Oeste de 1986. Fue su bautismo de fuego. Anotó más de 37 puntos de media en los dos últimos choques y se convirtió en el verdugo del conjunto californiano. Imparable en la zona. Los Rockets estaban a un paso del anillo, pero los Celtics de Bird, McHale y Parish no titubearon y resolvieron la serie sin muchas dificultades (4-2).

Tras más de un lustro de sombras a nivel de resultados, Houston volvía por la puerta grande a las órdenes de Rudy Tomjanovich. En ese periodo, el center nigeriano no sólo había cambiado su nombre por el de Hakeem, sino que había pulido más su amplio repertorio de movimientos al poste, muy bien aconsejado por el mítico Moses Malones, dos veces MVP de la NBA. Su juego crecía de manera espectacular, lo que le permitía destacar en casi todas las facetas. El 29 de marzo de 1990 hizo historia al lograr un cuádruple-doble ante los Bucks: 18 puntos, 16 rebotes, 10 asistencias y 10 tapones. Melodía celestial.

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El Dream Shake causaba furor. Desquiciaba a sus defensores con fintas imposibles e inéditos pasos de bailarín. A ello se añadía su gran capacidad de intimidación y su seguridad bajo los aros. Así comenzó a forjarse la leyenda del mejor pívot nigeriano de todos los tiempos, que se permitía el lujo de martillear la zona de Patrick Ewing, David Robinson, Karl Malone y un imberbe Shaquille O’Neal.

         Precisamente, su primer anillo llegó tras ganarle la partida a los Knicks del jamaicano Ewing en 1994. El equipo neoyorquino dominaba 3-2 y tenía posesión para proclamarse campeón, pero Olajuwon taponó un triple de John Starks y forzó el séptimo encuentro. Ahí volvió a ser decisivo, con 25 puntos y 10 rebotes. Completaba una temporada mágica en la que ganó el MVP de la temporada regular y de las finales y fue designado mejor jugador defensivo. El anhelado sueño de ese niño, que empezó como portero de fútbol y jugador de balonmano, se hizo realidad a sus 31 años.

La disciplina y constancia del jugador de ascendencia Yoruba, con pasaporte norteamericano desde 1993, propiciaba unos resultados óptimos al equipo texano. Hakeem era la única estrella, con escuderos como Robert Horry, Otis Thorpe, Vernon Maxwell, Kenny Smith y Sam Cassell. Los Rockets estaban de moda, más aún tras la incorporación de Clyde Drexler. Funcionaban como bloque y volverían a ganar el anillo en 1995 a pesar de su floja temporada regular (47 victorias y 35 derrotas). Superaron a Utah y Phoenix con dificultades para plantarse en la final de conferencia y derribar el muro de los Spurs de Robinson y Rodman. No había manera de frenar las genialidades de un Olajuwon, quien promedió 33 puntos y 10,3 rebotes en los play-off por el título, y no tuvo piedad de los Magic (4-0) de O’Neal.

Sin embargo, la plantilla envejecía y las lesiones se cruzaban en el camino de Houston, que intentó volver por sus fueros con la adquisición de Charles Barkley. Los Rockets daban un gran salto de calidad y superaban a Minnesota y Seattle en las primeras rondas, pero los emergentes Jazz de Stockton y Malone supieron contenerles en la final de conferencia de 1997 (4-2). Ni siquiera la posterior incorporación de Pippen ayudó a renacer a la franquicia de Texas. Olajuwon, su hijo predilecto, abandonaba su casa después de 17 temporadas y emprendía rumbo a Toronto, donde se retiraría con 39 años.

Atrás quedan 1.238 partidos y una sobresaliente media de 21,8 puntos, 11,1 rebotes, 2,5 asistencias, 3,1 tapones y 1,7 robos por partido, con un porcentaje del 51,2% en lanzamientos de dos. A día de hoy, Hakeem, 12 veces All-Star y oro olímpico en Atlanta, aún puede presumir de ser el máximo taponeador de la NBA (3.830) y de sobresalir en las estadísticas históricas de anotación (noveno), rebotes (duodécimo) y recuperaciones (octavo). Accedió al Hall of Fame en 2008, pero mucho antes cumplió un sueño que parecía inalcanzable: reinar en la NBA y marcar una época desde la elegancia que desprendían sus acompasados movimientos. Su música era el baloncesto y él su mejor bailarín en la pista. Pura y atrayente melodía.

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Fotos: www.fivemagazine.eswww.nba.com 3deportivo.blogspot.com

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